Ayuda mutua

Al verla supe que había esperado toda una vida por ella, su mirada tierna y segura de si misma, su aplomo y natural belleza simplemente arrancaron un profundo suspiro.

Deseaba saber el costo de la suite, estaría un par de meses en la Ciudad y un amigo colombiano me había recomendado ampliamente el hostal cerca del centro de esa enorme Ciudad llamada México.

El lugar me pareció cómodo y el precio razonable. Ella me pareció simplemente hermosa. Muy amablemente me mostró el lugar, me dio las recomendaciones y me dijo que estaría un par de días más en la Ciudad. 

Tenía que actuar rápido sin que pareciera ansioso de estar con ella. Sentí que ambos nos reconocimos, de otra vida, de otra época. Sonreía y todo al rededor se iluminaba.

No dejé de admirarla y durante la noche repasé mentalmente sus delicadas formas de mujer, su sonrisa llegaba a mi a cada parpadeo, su cadera al subir las escaleras y unas delineadas piernas cubiertas por su pantalón negro.

Inquieto mordía las cobijas y busqué en mi celular su número, vi que no era tan tarde y le envié un mensaje deseándole buenas noches. No recibí ninguna respuesta. Traté de dormir, con mi deseo por ella palpitando debajo de las cobijas.

Al día siguiente mi celular tenía una llamada perdida de su número. Marqué y con voz somnolienta me respondió del otro lado de la línea. 
Enmudecí  y tratando de dominar mi nerviosismo le pedí verla. Preocupada me preguntó si estaba bien y si había algo malo en la suite.
Le dije que todo estaba bien, pero necesitaba verla para hacerle un par de consultas sobre la Ciudad. Más relajada me dijo que iría en un par de horas. Fueron las más largas de mi vida.

Llegó puntual y hermosa, con un suéter de angora y una falda ejecutiva; el hostal estaba vacío, escuché a mis vecinos salir y dejé de escuchar ruidos cotidianos.
Traté de parecer calmado pero sentía que mi excitación era notoria.

Ella me miró extrañada pero muy amable me preguntó qué dudas tenía, me ofreció un café y pasamos al comedor. Su aroma me excitaba aún más. No prestaba atención mas que a sus movimientos, su boca, la curva de sus senos bajo el suéter, me movía inquieto deseándola mas que a nada en el mundo.

Después del café me pidió que la acompañara a comprar unas llaves para el fregadero, no tenía que pedírmelo dos veces, me contó un poco más de ella, de sus hijos y su situación sentimental, yo no dejaba de pensar en la blancura de su cuello la sinceridad de su sonrisa.

Al regresar al hostal me pidió que le ayudara a medir las llaves, subimos y ella delante de mi me ofrecía una vista maravillosa de sus piernas y sus nalgas firmes y redondas, no podía ocultar mi emoción.

Llegamos a un pequeño pero iluminado cuarto de baño, yo había hablado muy poco pero a ella no parecía importarle, me entregó las llaves y se agachó delante de mi para desenroscar las otras piezas, no resistí más.

Tiré las llaves y la sujeté con fuerza de su cadera con ambas manos, pegué mi cuerpo al suyo y escuché un suave gemido de sorpresa, comencé a acariciar sus nalgas y sin soltarla incliné mi cuerpo sobre el de ella, acerqué mi boca a su blanco cuello y escuché como trataba de pedirme que me detuviera sin demasiada convicción.

Me acerqué a su boca y la besé, nos besamos y se volteó encarándome y abrazándome, mis manos no dejaron de acariciar sus nalgas y levantar su falda, su respiración agitada y un murmullo dulce. Te reconozco, te he visto antes, no sé en donde o cuando. Sus palabras se interrumpían con mis besos, levanté por completo su falda y con cuidado comencé a bajar sus bragas empapadas, sus manos acariciaban mi cabeza y me acercó a su sexo.

Mi lengua se alargó hasta tocarla, lamí despacio y sus manos me acariciaban con más fuerza, la humedad y el calor de su piel y de su sexo, me pedía que no parara, mi lengua la recorre despacio sin prisas. Mi miembro a punto de estallar.

Me levanté y sus manos buscaron mi cinturón y los botones de mi pantalón, mi virilidad lista y sus manos me acariciaron despacio, el aroma de nuestro deseo me hacía palpitar, sin mayores preámbulos la penetré furiosamente, embistiendo, besando mordiendo su cuello y sus carnosos labios, mis manos tratando de tocarla toda. Busqué sus senos levantándole el suéter, ella gemía y susurraba en mi oído, me ofreció sus senos y comencé a devorarlos, sus pezones erectos en mi boca su boca en mi frente.

El primer orgasmo lo alcanzamos juntos, mi semilla caliente escurriendo en sus blancas y torneadas piernas, mi sexo enrojecido y pulsante, nuestras bocas temblorosas y sonrientes.
Nos besamos tres veces más nos miramos y volvimos en sí.

 La puerta del hostal comenzó a escucharse, en un par de segundos nos volvimos a acomodar la ropa, ella con una sonrisa traviesa en los labios me pidió con la mirada que la siguiera, mas tranquilos bajamos nuevamente al comedor y nos sentamos frente a frente, la puerta se abrió y una pareja joven la saludó.

Me dijo que las llaves tendrían que colocarse mañana mismo, si no era problema que la ayudara como hoy. Por supuesto respondí que sí, que estaba a sus órdenes. Los muchachos se despidieron después de beber un vaso de agua y entraron a su habitación. Ambos movimos los labios y nos dimos las gracias mutuamente. Temblé al verla a los ojos y saber que pensaba y recordaba quienes éramos, quienes somos y quienes seremos.
Al verla supe que había esperado toda una vida por ella, su mirada tierna y segura de si misma, su aplomo y natural belleza simplemente arrancaron un profundo suspiro.

Deseaba saber el costo de la suite, estaría un par de meses en la Ciudad y un amigo colombiano me había recomendado ampliamente el hostal cerca del centro de esa enorme Ciudad llamada México.

El lugar me pareció cómodo y el precio razonable. Ella me pareció simplemente hermosa. Muy amablemente me mostró el lugar, me dio las recomendaciones y me dijo que estaría un par de días más en la Ciudad. 

Tenía que actuar rápido sin que pareciera ansioso de estar con ella. Sentí que ambos nos reconocimos, de otra vida, de otra época. Sonreía y todo al rededor se iluminaba.

No dejé de admirarla y durante la noche repasé mentalmente sus delicadas formas de mujer, su sonrisa llegaba a mi a cada parpadeo, su cadera al subir las escaleras y unas delineadas piernas cubiertas por su pantalón negro.

Inquieto mordía las cobijas y busqué en mi celular su número, vi que no era tan tarde y le envié un mensaje deseándole buenas noches. No recibí ninguna respuesta. Traté de dormir, con mi deseo por ella palpitando debajo de las cobijas.

Al día siguiente mi celular tenía una llamada perdida de su número. Marqué y con voz somnolienta me respondió del otro lado de la línea. 
Enmudecí  y tratando de dominar mi nerviosismo le pedí verla. Preocupada me preguntó si estaba bien y si había algo malo en la suite.
Le dije que todo estaba bien, pero necesitaba verla para hacerle un par de consultas sobre la Ciudad. Más relajada me dijo que iría en un par de horas. Fueron las más largas de mi vida.

Llegó puntual y hermosa, con un suéter de angora y una falda ejecutiva; el hostal estaba vacío, escuché a mis vecinos salir y dejé de escuchar ruidos cotidianos.
Traté de parecer calmado pero sentía que mi excitación era notoria.

Ella me miró extrañada pero muy amable me preguntó qué dudas tenía, me ofreció un café y pasamos al comedor. Su aroma me excitaba aún más. No prestaba atención mas que a sus movimientos, su boca, la curva de sus senos bajo el suéter, me movía inquieto deseándola mas que a nada en el mundo.

Después del café me pidió que la acompañara a comprar unas llaves para el fregadero, no tenía que pedírmelo dos veces, me contó un poco más de ella, de sus hijos y su situación sentimental, yo no dejaba de pensar en la blancura de su cuello la sinceridad de su sonrisa.

Al regresar al hostal me pidió que le ayudara a medir las llaves, subimos y ella delante de mi me ofrecía una vista maravillosa de sus piernas y sus nalgas firmes y redondas, no podía ocultar mi emoción.

Llegamos a un pequeño pero iluminado cuarto de baño, yo había hablado muy poco pero a ella no parecía importarle, me entregó las llaves y se agachó delante de mi para desenroscar las otras piezas, no resistí más.

Tiré las llaves y la sujeté con fuerza de su cadera con ambas manos, pegué mi cuerpo al suyo y escuché un suave gemido de sorpresa, comencé a acariciar sus nalgas y sin soltarla incliné mi cuerpo sobre el de ella, acerqué mi boca a su blanco cuello y escuché como trataba de pedirme que me detuviera sin demasiada convicción.

Me acerqué a su boca y la besé, nos besamos y se volteó encarándome y abrazándome, mis manos no dejaron de acariciar sus nalgas y levantar su falda, su respiración agitada y un murmullo dulce. Te reconozco, te he visto antes, no sé en donde o cuando. Sus palabras se interrumpían con mis besos, levanté por completo su falda y con cuidado comencé a bajar sus bragas empapadas, sus manos acariciaban mi cabeza y me acercó a su sexo.

Mi lengua se alargó hasta tocarla, lamí despacio y sus manos me acariciaban con más fuerza, la humedad y el calor de su piel y de su sexo, me pedía que no parara, mi lengua la recorre despacio sin prisas. Mi miembro a punto de estallar.

Me levanté y sus manos buscaron mi cinturón y los botones de mi pantalón, mi virilidad lista y sus manos me acariciaron despacio, el aroma de nuestro deseo me hacía palpitar, sin mayores preámbulos la penetré furiosamente, embistiendo, besando mordiendo su cuello y sus carnosos labios, mis manos tratando de tocarla toda. Busqué sus senos levantándole el suéter, ella gemía y susurraba en mi oído, me ofreció sus senos y comencé a devorarlos, sus pezones erectos en mi boca su boca en mi frente.

El primer orgasmo lo alcanzamos juntos, mi semilla caliente escurriendo en sus blancas y torneadas piernas, mi sexo enrojecido y pulsante, nuestras bocas temblorosas y sonrientes.
Nos besamos tres veces más nos miramos y volvimos en sí.

 La puerta del hostal comenzó a escucharse, en un par de segundos nos volvimos a acomodar la ropa, ella con una sonrisa traviesa en los labios me pidió con la mirada que la siguiera, mas tranquilos bajamos nuevamente al comedor y nos sentamos frente a frente, la puerta se abrió y una pareja joven la saludó.

Me dijo que las llaves tendrían que colocarse mañana mismo, si no era problema que la ayudara como hoy. Por supuesto respondí que sí, que estaba a sus órdenes. Los muchachos se despidieron después de beber un vaso de agua y entraron a su habitación. Ambos movimos los labios y nos dimos las gracias mutuamente. Temblé al verla a los ojos y saber que pensaba y recordaba quienes éramos, quienes somos y quienes seremos.

O


La forma en que la boca adopta al inicio de un orgasmo
de un beso
de una insinuación.

La forma del ombligo
de los ojos de tu amante
de la vida misma.

Es la forma del ser girando, rodando, repitiendo esquemas.

La forma en que la boca adopta al inicio de un orgasmo
de un beso
de una insinuación.

La forma del ombligo
de los ojos de tu amante
de la vida misma.

Es la forma del ser girando, rodando, repitiendo esquemas.

Quiero cogerte Corazón. (Cuento)

Espero sus mensajes ansiosa, desde la primera hora de la mañana, al medio día, mientras cocino o arreglo mi pieza, cuando estoy en la oficina y cuando estoy a punto de dormir. Él es lo primero que leo y lo último, sus palabras me hacen sentir, nunca me había pasado, pero que bueno que pasó, no es muy guapo, pero sabe escribir, tiene las palabras correctas en el momento correcto, a veces pienso que me espía.

Aquella noche buscaba en mi armario qué ponerme. Solamente llevaba una semana y media tratándolo por whatsapp, me hacía reír con sus ocurrencias y yo solamente le daba largas, me decía que deseaba verme, que no dejaba de soñarme y de pensar en mi. Me hacía reír más y solamente lo tentaba, comenzó a mandarme fotos sugerentes, poemas y finalmente accedí a verlo.

Esa noche sería "La Noche", me quería ver guapa pero siempre se me ha complicado un poco esto de salir con alguien. Cada vez que estaba lista me sucedía algo, llegaban visitas, me olvidaba depilarme las piernas o simplemente me acobardaba y cancelaba de último momento. Hoy a pesar del miedo tengo ganas de verlo, de descubrir si en realidad es tan simpático como escribe, observar esta vez con detenimiento sus manos.

Llegué puntual a la cita, en una cafetería de esas elegantes y carísimas, iba a pedir un café cuando me di cuenta que no traía mi cartera, en ese momentó recordé que la dejé en la otra bolsa y solamente traía mi monedero que cuelgo en el llavero. Por suerte no estaba lejos de mi casa y aunque había llegado caminando más tarde me daría un poco de miedito. Pensé en irme en ese momento cuando Él apareció.

Esta vez no lo vi tan feo, traía puesta una chamarra de cuero y olía muy rico, sin más me extendió su mano derecha y tomó mi mano con delicadeza a pesar de tener unas manos grandes y varoniles, sin querer suspiré y enseguida me acaloré, su voz era grave y un poco ronca, pero me gustó. Lo que no me gustó fue su mirada huidiza, pero no le di mucha importancia. Me invitó un café y nos sentamos en un sillón un poco pegajoso, me miró sonriendo pero no terminaba de sostenerme la mirada.

De cuando en cuando hacía un comentario agudo sobre alguna de las demás personas que conocíamos y por quienes nos habíamos contactado, me incomoda un poco que no deje de ver mi escote, pero creo que es normal. Se disculpó un momento y fue al baño. Habíamos estado platicando por casi dos horas y cada vez me gustaba más.

Por mi mente pasaron veintemil cosas, hace mucho que no tenía relaciones y me parecía que no sería mala idea darle una oportunidad ahí como por la tercera cita, en esos momentos recibí un mensaje a mi cel, "Quiero Cogerte Corazón", lo leí una, dos, tres veces, al principio me sentí indignada, pero cada vez que lo leía no me parecía tan malo, de alguna extraña manera me encendieron esas tres palabras, aunque no me terminaban de gustar, traté de imaginarlas en su voz, cerca de mi oído y temblé.

Imagino que no se atrevía a decírmelo a la cara, que finalmente le parecía más adecuado escribirlo, ya sea por pena o porque de una u otra manera así nos conocimos, esperé y pensé en mi respuesta, una parte de mi quería irme de inmediato con él, dejarme llevar por ese calor que esas palabras me provocaron, otra parte me decía que tuviera cuidado, suspiré de nuevo y me acerqué a su chamarra y olí su loción, me comencé a derretir de inmediato. Imaginé sus manos grandes recorriéndome, acariciando mis piernas, mis senos. imaginé todo lo imaginable.

Cuando Él regresó yo seguía oliendo su chamarra, me sentí como una tonta, me sonrojé y por primera vez en la noche me miró a los ojos, se sentó a mi lado y se acercó a mi oído. -Discúlpame por favor, no quise ser grosero con mi mensaje, me equivoqué y no sé cómo resolverlo- Yo sonreí y le dije que no se preocupara, pero que yo no tenía intención de acostarme con Él, al menos no esa noche, que me parecía guapo, pero que no sentía que estuviera preparada para ello, que sus manos y su aroma me encantaron y que sería maravilloso conocernos un poco más. 

Él me miró fijamente y me pidió disculpas nuevamente. -No, en verdad discúlpame, me equivoqué de número y ese mensaje no era para ti. 

Me regresé caminando a mi casa, por un instante estuve a punto de irme con él, siempre me pasa algo cada vez que accedo a salir con alguien. Me siento enojada, estúpida, vulnerable, encabronada. No me despedí y ahora que estoy buscando las llaves me doy cuenta que no las traigo, se habrán quedado en la cafetería, en algún rincón del sillón pegajoso, donde seguramente quedó el aroma de su loción y su chamarra de cuero.
Espero sus mensajes ansiosa, desde la primera hora de la mañana, al medio día, mientras cocino o arreglo mi pieza, cuando estoy en la oficina y cuando estoy a punto de dormir. Él es lo primero que leo y lo último, sus palabras me hacen sentir, nunca me había pasado, pero que bueno que pasó, no es muy guapo, pero sabe escribir, tiene las palabras correctas en el momento correcto, a veces pienso que me espía.

Aquella noche buscaba en mi armario qué ponerme. Solamente llevaba una semana y media tratándolo por whatsapp, me hacía reír con sus ocurrencias y yo solamente le daba largas, me decía que deseaba verme, que no dejaba de soñarme y de pensar en mi. Me hacía reír más y solamente lo tentaba, comenzó a mandarme fotos sugerentes, poemas y finalmente accedí a verlo.

Esa noche sería "La Noche", me quería ver guapa pero siempre se me ha complicado un poco esto de salir con alguien. Cada vez que estaba lista me sucedía algo, llegaban visitas, me olvidaba depilarme las piernas o simplemente me acobardaba y cancelaba de último momento. Hoy a pesar del miedo tengo ganas de verlo, de descubrir si en realidad es tan simpático como escribe, observar esta vez con detenimiento sus manos.

Llegué puntual a la cita, en una cafetería de esas elegantes y carísimas, iba a pedir un café cuando me di cuenta que no traía mi cartera, en ese momentó recordé que la dejé en la otra bolsa y solamente traía mi monedero que cuelgo en el llavero. Por suerte no estaba lejos de mi casa y aunque había llegado caminando más tarde me daría un poco de miedito. Pensé en irme en ese momento cuando Él apareció.

Esta vez no lo vi tan feo, traía puesta una chamarra de cuero y olía muy rico, sin más me extendió su mano derecha y tomó mi mano con delicadeza a pesar de tener unas manos grandes y varoniles, sin querer suspiré y enseguida me acaloré, su voz era grave y un poco ronca, pero me gustó. Lo que no me gustó fue su mirada huidiza, pero no le di mucha importancia. Me invitó un café y nos sentamos en un sillón un poco pegajoso, me miró sonriendo pero no terminaba de sostenerme la mirada.

De cuando en cuando hacía un comentario agudo sobre alguna de las demás personas que conocíamos y por quienes nos habíamos contactado, me incomoda un poco que no deje de ver mi escote, pero creo que es normal. Se disculpó un momento y fue al baño. Habíamos estado platicando por casi dos horas y cada vez me gustaba más.

Por mi mente pasaron veintemil cosas, hace mucho que no tenía relaciones y me parecía que no sería mala idea darle una oportunidad ahí como por la tercera cita, en esos momentos recibí un mensaje a mi cel, "Quiero Cogerte Corazón", lo leí una, dos, tres veces, al principio me sentí indignada, pero cada vez que lo leía no me parecía tan malo, de alguna extraña manera me encendieron esas tres palabras, aunque no me terminaban de gustar, traté de imaginarlas en su voz, cerca de mi oído y temblé.

Imagino que no se atrevía a decírmelo a la cara, que finalmente le parecía más adecuado escribirlo, ya sea por pena o porque de una u otra manera así nos conocimos, esperé y pensé en mi respuesta, una parte de mi quería irme de inmediato con él, dejarme llevar por ese calor que esas palabras me provocaron, otra parte me decía que tuviera cuidado, suspiré de nuevo y me acerqué a su chamarra y olí su loción, me comencé a derretir de inmediato. Imaginé sus manos grandes recorriéndome, acariciando mis piernas, mis senos. imaginé todo lo imaginable.

Cuando Él regresó yo seguía oliendo su chamarra, me sentí como una tonta, me sonrojé y por primera vez en la noche me miró a los ojos, se sentó a mi lado y se acercó a mi oído. -Discúlpame por favor, no quise ser grosero con mi mensaje, me equivoqué y no sé cómo resolverlo- Yo sonreí y le dije que no se preocupara, pero que yo no tenía intención de acostarme con Él, al menos no esa noche, que me parecía guapo, pero que no sentía que estuviera preparada para ello, que sus manos y su aroma me encantaron y que sería maravilloso conocernos un poco más. 

Él me miró fijamente y me pidió disculpas nuevamente. -No, en verdad discúlpame, me equivoqué de número y ese mensaje no era para ti. 

Me regresé caminando a mi casa, por un instante estuve a punto de irme con él, siempre me pasa algo cada vez que accedo a salir con alguien. Me siento enojada, estúpida, vulnerable, encabronada. No me despedí y ahora que estoy buscando las llaves me doy cuenta que no las traigo, se habrán quedado en la cafetería, en algún rincón del sillón pegajoso, donde seguramente quedó el aroma de su loción y su chamarra de cuero.

Si no está roto, no lo componga.

Muchas veces en nuestras relaciones sentimos pequeños roces, diferencias de opinión, gustos distintos derivados de la premisa que cada ser humano es distinto a otro. Sin embargo, muchas veces esas diferencias de opinión, gusto y carácter se convierten en discusiones irreconciliables.

Las relaciones humanas son frágiles, independientemente de las sensaciones y diversas señales que de manera inconsciente la pareja emite, nosotros muchas veces damos por sentado lo que nuestra pareja NO QUISO DECIR o hacer.

Muchas veces lo mejor es hablarlo claramente, por ejemplo si no te gusta el sexo oral, lo mejor es comentarlo, no es necesario justificarlo, así como cualquier otra práctica que a tu gusto no te sea agradable, no se tiene por qué criminalizar ni asumir que a tu pareja le gusta tal o cual cosa, pregunta antes de asumir, se cuidados@ al estimular a tu pareja y sobretodo comuníquense.

El sexo, su práctica y disfrute es responsabilidad de los participantes. Comparte lo que deseas compartir y resérvate lo que desees reservarte, pero no dejes que  la comunicación se pierda.
Muchas veces en nuestras relaciones sentimos pequeños roces, diferencias de opinión, gustos distintos derivados de la premisa que cada ser humano es distinto a otro. Sin embargo, muchas veces esas diferencias de opinión, gusto y carácter se convierten en discusiones irreconciliables.

Las relaciones humanas son frágiles, independientemente de las sensaciones y diversas señales que de manera inconsciente la pareja emite, nosotros muchas veces damos por sentado lo que nuestra pareja NO QUISO DECIR o hacer.

Muchas veces lo mejor es hablarlo claramente, por ejemplo si no te gusta el sexo oral, lo mejor es comentarlo, no es necesario justificarlo, así como cualquier otra práctica que a tu gusto no te sea agradable, no se tiene por qué criminalizar ni asumir que a tu pareja le gusta tal o cual cosa, pregunta antes de asumir, se cuidados@ al estimular a tu pareja y sobretodo comuníquense.

El sexo, su práctica y disfrute es responsabilidad de los participantes. Comparte lo que deseas compartir y resérvate lo que desees reservarte, pero no dejes que  la comunicación se pierda.

¿Siempre estás pensando en sexo?

No deseo hacer un ensayo científico al respecto, solamente hacer una muy personal reflexión sobre lo que a la mayoría de nosotros nos llama la atención.

A veces pensamos en sexo, o algo relacionado con ello, finalmente nuestra sociedad ha sexualizado todo lo habido y por haber, desde los colores hasta la moda, los alimentos e incluso las revistas y los libros.

El sexo vende, se ha convertido en las primeras planas de muchos periodiquillos en la carta de presentación en la cual un ahermosa modelo en poca o nula ropa posa sonriente junto a un ahorcado, algún descuartizado o algún actór o actriz alcoholizados.

El sexo es de todas las necesidades básicas del ser humano una de las más sobrevaluadas, si bien es cierto que el objetivo principal es la procreación, también lo es que la erotización de los estímulos sensuales han logrado que nuestra sociedad piense cada día menos en sexo, ya que estamos superexpuestos a los cuerpos musculosos o curvilíneos de mujeres y hombres dedicados a vender su imagen.

La naturalidad con la que le hemos dado el tratamiento a la sexualidad humana es cada día disminuye, todo se ha convertido en morbo y explotación, es un mercado multimillonario y del cual todos y cada uno de nosotros estamos tentados a participar. 

Pero al asociar el sexo con la muerte, con la falta de higiene, la sordidez de lo prohibido y lo sucio ¿No estamos haciendo que se convierta en algo negativo?

Muchas veces al cubrir nuestras necesidades básicas, olvidamos el resto. Muchos de nosotros, una vez que obtenemos una relación sexual, pierde todo el interés, el secreto se encuentra precisamente en no solamente satisfacerse, también el adecuar esas necesidades a nuevas necesidades, muchas veces de carácter afectivo.

Aquí aparece un dilema para muchos hombres, quienes en el afán de poseer olvidan satisfacer a su pareja. de una forma egoísta, aunque son menos, también las mujeres buscan su satisfacción, aunque en la mayoría de manera afectiva. 

Hombres y mujeres tenemos un concepto distinto de la sexualidad, de la amistad y de las relaciones, los hombres somos prácticos, las mujeres pragmáticas. También es lo mismo en el sexo, buscamos una relación efímera que se vea fortalecida a cada nuevo encuentro, mientras que las mujeres necesitan seguridad.

Somos distintos, pero pensamos en el sexo como un modo de acercarte a alguien, de lograr un entendimiento físico y que tal vez no sea necesario el intercambio de ideas, sueños y esperanzas, deseamos sentir, satisfacer una necesidad básica que nos puede acercar a un sinnúmero de posibilidades emocionales.

Pensamos en sexo, sí, constantemente, pero para hombres y mujeres el sexo y la sexualidad son un tema mucho más complicado que el mero entorno carnal.
No deseo hacer un ensayo científico al respecto, solamente hacer una muy personal reflexión sobre lo que a la mayoría de nosotros nos llama la atención.

A veces pensamos en sexo, o algo relacionado con ello, finalmente nuestra sociedad ha sexualizado todo lo habido y por haber, desde los colores hasta la moda, los alimentos e incluso las revistas y los libros.

El sexo vende, se ha convertido en las primeras planas de muchos periodiquillos en la carta de presentación en la cual un ahermosa modelo en poca o nula ropa posa sonriente junto a un ahorcado, algún descuartizado o algún actór o actriz alcoholizados.

El sexo es de todas las necesidades básicas del ser humano una de las más sobrevaluadas, si bien es cierto que el objetivo principal es la procreación, también lo es que la erotización de los estímulos sensuales han logrado que nuestra sociedad piense cada día menos en sexo, ya que estamos superexpuestos a los cuerpos musculosos o curvilíneos de mujeres y hombres dedicados a vender su imagen.

La naturalidad con la que le hemos dado el tratamiento a la sexualidad humana es cada día disminuye, todo se ha convertido en morbo y explotación, es un mercado multimillonario y del cual todos y cada uno de nosotros estamos tentados a participar. 

Pero al asociar el sexo con la muerte, con la falta de higiene, la sordidez de lo prohibido y lo sucio ¿No estamos haciendo que se convierta en algo negativo?

Muchas veces al cubrir nuestras necesidades básicas, olvidamos el resto. Muchos de nosotros, una vez que obtenemos una relación sexual, pierde todo el interés, el secreto se encuentra precisamente en no solamente satisfacerse, también el adecuar esas necesidades a nuevas necesidades, muchas veces de carácter afectivo.

Aquí aparece un dilema para muchos hombres, quienes en el afán de poseer olvidan satisfacer a su pareja. de una forma egoísta, aunque son menos, también las mujeres buscan su satisfacción, aunque en la mayoría de manera afectiva. 

Hombres y mujeres tenemos un concepto distinto de la sexualidad, de la amistad y de las relaciones, los hombres somos prácticos, las mujeres pragmáticas. También es lo mismo en el sexo, buscamos una relación efímera que se vea fortalecida a cada nuevo encuentro, mientras que las mujeres necesitan seguridad.

Somos distintos, pero pensamos en el sexo como un modo de acercarte a alguien, de lograr un entendimiento físico y que tal vez no sea necesario el intercambio de ideas, sueños y esperanzas, deseamos sentir, satisfacer una necesidad básica que nos puede acercar a un sinnúmero de posibilidades emocionales.

Pensamos en sexo, sí, constantemente, pero para hombres y mujeres el sexo y la sexualidad son un tema mucho más complicado que el mero entorno carnal.

"Solo tan nosotros" (Cuento)

El nerviosismo y la excitación comparten el mismo espacio, el aroma de las velas que él se empeña en encender bajo la mirada tierna de ella, la botella de vino sin descorchar en la mesa, la falta de copas y de un sacacorchos, la cama invitándolos a ambos.

Un suspiro al unísono, la torpeza del primer encuentro, las palabras atoradas detrás de la emoción de la cercanía, segundos de observación y la eminencia del porqué coincidir en este lugar. Pensando en fracciones de segundos en el siguiente paso, darle vida a las fantasías, abrirse paso entre el humo del incienso hasta tocar el cuerpo deseado.

Ambos se evalúan, se observan, Ella siente la piel erizarse bajo su blusa, Él nota su excitación al tener su perfume, su mirada. ¿Qué se hace en estos casos? Ella se había desnudado tantas veces para él y enviado tantas imágenes, pero se sentía insegura de sí misma, de su belleza de mujer casada y mamá de una nena.

Él siempre tan solitario, deseando devorarla de inmediato, arrancarle la ropa y acariciar la piel desnuda, tantas veces imaginada, al mismo tiempo contenido, deseando no tener que dar el primer paso. Recordó el beso en la recepción del hotel y la reacción de ambos, se comenzó a acercar despacio, cazando, evaluando cada una de las posibilidades.

Ella esperando su movimiento, gritando con la mirada el deseo de ser besada nuevamente, la humedad y el calor recorriéndola en olas suaves, se acercó un par de pasos hacia él, hacia la cama. Cerró los ojos en el instante en que sintió las manos de él sobre su talle, atrayéndola despacio y firme, sin abrir los ojos comenzó a sentir los labios húmedos de su nuevo amante.

Ambos aspiraron el aroma de sus cuerpos, la ropa comenzó a caer despacio, expuestos, imperfectos y deseados ambos; el sabor de los besos, menta con cereza  y yerbabuena, la lengua tocando las comisuras de ambos juegos labios; se recorren sin prisas, se contienen ambos entre sus brazos y se acercan despacio a la cama, sonríen. Las manos sujetando el cuello o la espalda, las nalgas o muslos, el sudor condensándose entre esos cuerpos.

No hay nada que decir, sin embargo se murmuran sus nombres ficticios cerca del oído, mientras siguen lamiendo, besando, aspirando el perfume de su desnudez y la combinación de la transpiración de ambos. Se acarician, las uñas recorren hombros, brazos, piernas, rozan sin arañar, sin lastimar, anudados ahora sobre la cama, los dos tensan y relajan sus cuerpos a cada toque, a cada beso incompleto que va de la boca al cuello o a los ojos.

La respiración se acelera despacio, las palabras dulces y suaves son reemplazadas por palabras de una sola sílaba, la pasión comienza a rebasar los límites del cuerpo, en dos segundos de cordura Él la protege con una suave armadura transparente, la humedad lo invita a finalmente invadirla por completo.

Ambos cuerpos se tensan y empujan hacia el otro, resbalan, tocan, siguen los besos y un largo gemido acompaña la primera embestida, los brazos de Él a los lados del cuerpo de ella, los músculos tensos, la espalda amenazante, las miradas brillantes y emocionadas sincronizadas a la segunda embestida, el sabor de un nuevo beso, de los labios trémulos a la caricia, el arco dibujado en el cuerpo femenino y nuevos aromas almizclados y dulces, la tercera embestida, los ojos en los ojos, el cuerpo dentro del cuerpo.

Los movimientos rítmicos, el vacío en el vientre y la sensación cada vez más placentera, no hay ninguna otra sensación que aquella llevada en la mirada cómplice, las sonrisas, los gemidos, el sonido que juega un nuevo papel en los labios de Ella, miles de palabras monosilábicas, bufidos y gruñidos masculinos.


Ambos cuerpos se preparan para estallar, se miran, no dejan de mirarse, comprobando que estos instantes de realidad se convierten en algo muy superior a lo imaginado, se sacian de besos y desean más, Ella vibra y deja escapar dos, tres veces esos gritos corpóreos, En ese último estremecimiento Él se vacía en medio de un grito gutural, Ella recibe la sensación incompleta del líquido simiente. Se abrazan, lloran y se besan, ambos son uno por primera vez en la noche. 
El nerviosismo y la excitación comparten el mismo espacio, el aroma de las velas que él se empeña en encender bajo la mirada tierna de ella, la botella de vino sin descorchar en la mesa, la falta de copas y de un sacacorchos, la cama invitándolos a ambos.

Un suspiro al unísono, la torpeza del primer encuentro, las palabras atoradas detrás de la emoción de la cercanía, segundos de observación y la eminencia del porqué coincidir en este lugar. Pensando en fracciones de segundos en el siguiente paso, darle vida a las fantasías, abrirse paso entre el humo del incienso hasta tocar el cuerpo deseado.

Ambos se evalúan, se observan, Ella siente la piel erizarse bajo su blusa, Él nota su excitación al tener su perfume, su mirada. ¿Qué se hace en estos casos? Ella se había desnudado tantas veces para él y enviado tantas imágenes, pero se sentía insegura de sí misma, de su belleza de mujer casada y mamá de una nena.

Él siempre tan solitario, deseando devorarla de inmediato, arrancarle la ropa y acariciar la piel desnuda, tantas veces imaginada, al mismo tiempo contenido, deseando no tener que dar el primer paso. Recordó el beso en la recepción del hotel y la reacción de ambos, se comenzó a acercar despacio, cazando, evaluando cada una de las posibilidades.

Ella esperando su movimiento, gritando con la mirada el deseo de ser besada nuevamente, la humedad y el calor recorriéndola en olas suaves, se acercó un par de pasos hacia él, hacia la cama. Cerró los ojos en el instante en que sintió las manos de él sobre su talle, atrayéndola despacio y firme, sin abrir los ojos comenzó a sentir los labios húmedos de su nuevo amante.

Ambos aspiraron el aroma de sus cuerpos, la ropa comenzó a caer despacio, expuestos, imperfectos y deseados ambos; el sabor de los besos, menta con cereza  y yerbabuena, la lengua tocando las comisuras de ambos juegos labios; se recorren sin prisas, se contienen ambos entre sus brazos y se acercan despacio a la cama, sonríen. Las manos sujetando el cuello o la espalda, las nalgas o muslos, el sudor condensándose entre esos cuerpos.

No hay nada que decir, sin embargo se murmuran sus nombres ficticios cerca del oído, mientras siguen lamiendo, besando, aspirando el perfume de su desnudez y la combinación de la transpiración de ambos. Se acarician, las uñas recorren hombros, brazos, piernas, rozan sin arañar, sin lastimar, anudados ahora sobre la cama, los dos tensan y relajan sus cuerpos a cada toque, a cada beso incompleto que va de la boca al cuello o a los ojos.

La respiración se acelera despacio, las palabras dulces y suaves son reemplazadas por palabras de una sola sílaba, la pasión comienza a rebasar los límites del cuerpo, en dos segundos de cordura Él la protege con una suave armadura transparente, la humedad lo invita a finalmente invadirla por completo.

Ambos cuerpos se tensan y empujan hacia el otro, resbalan, tocan, siguen los besos y un largo gemido acompaña la primera embestida, los brazos de Él a los lados del cuerpo de ella, los músculos tensos, la espalda amenazante, las miradas brillantes y emocionadas sincronizadas a la segunda embestida, el sabor de un nuevo beso, de los labios trémulos a la caricia, el arco dibujado en el cuerpo femenino y nuevos aromas almizclados y dulces, la tercera embestida, los ojos en los ojos, el cuerpo dentro del cuerpo.

Los movimientos rítmicos, el vacío en el vientre y la sensación cada vez más placentera, no hay ninguna otra sensación que aquella llevada en la mirada cómplice, las sonrisas, los gemidos, el sonido que juega un nuevo papel en los labios de Ella, miles de palabras monosilábicas, bufidos y gruñidos masculinos.


Ambos cuerpos se preparan para estallar, se miran, no dejan de mirarse, comprobando que estos instantes de realidad se convierten en algo muy superior a lo imaginado, se sacian de besos y desean más, Ella vibra y deja escapar dos, tres veces esos gritos corpóreos, En ese último estremecimiento Él se vacía en medio de un grito gutural, Ella recibe la sensación incompleta del líquido simiente. Se abrazan, lloran y se besan, ambos son uno por primera vez en la noche. 

"Nosotros tan solo" (Cuento)


En realidad todo inició como un juego para mí, un coqueteo que fue subiendo de tono hasta que comenzó a convertirse en una especie de droga. Nunca me imaginé llegar a sentirme contenta al platicar contigo y darte gusto al mostrar mi cuerpo. Sé lo que tengo y lo que produce en los hombres y a veces eso me ha metido en algunos problemas. No importa.

Cuando empezamos a mensajearnos me pareció interesante cómo te expresabas, me gustó leerte y picaste mi curiosidad, me reservé algunas opiniones y decidí que sería interesante seguirte la corriente; todos los hombres son iguales, se prenden con nada, nosotras somos más complejas que eso, aun así me imaginaba tus reacciones y por pura maldad te daba más cuerda, sin saber que este jueguito "inocente" me comenzaba a gustar.

Esa noche que me mandaste esa foto especial, todo cambió y creo que para bien, comencé a sentir mucha más confianza contigo que incluso con mi pareja, tal vez porque precisamente no convivíamos, porque para ti soy, citando tus palabras, una especie de diosa del sexo y aunque me gusta y siento, no soy para nada algo así, aunque me gusta jugar a que sí.

Lo más raro de todo este asunto, es que además de cómoda, me siento admirada y contenta. La convivencia se convierte en rutina y aunque amo a mi pareja, comencé a sentir una necesidad de conocerte, saber y averiguar si en realidad existía algo más que la atracción, cuando me propusiste vernos en persona todo esto pasó en segundos,  no te miento, me gusta lo que me mandas, pero por eso marqué para escucharte y descubrí algo en tu voz, calidez, deseo y eso me encendió por completo y no me limité, solamente disfruté y deseé que esa experiencia no fuera pasajera ni única.

Esa semana fue caótica para mí, tenía que encontrar un pretexto para dejar encargada a mi nena, para decirle a mi pareja que tenía que salir sin que él me quisiera acompañar, pensé en miles de pretextos, pero la fortuna o el diablo o mis ángeles guardianes lo resolvieron, él tendría un viaje de trabajo de una semana y saldría el miércoles en la noche, llegaría hasta el lunes siguiente. Por muy raro que suene no me sentía culpable, tal vez de buscar quién me cuidara a la nena, mi hermana no iba a poder y si se la llevaba a sus abuelos me preguntarían qué haría o por qué tenía que dejar a la niña.

Cuando me llamaste de la terminal pensé que no lo iba a lograr, pero mi vecina Tita me resolvió cuidar a mi hija en la casa, pero yo no me había arreglado. me iba a tardar, necesitaba depilarme las piernas, peinarme de menos, me quería poner uñas y necesitaba un día de 32 horas para todos los pendientes que tenía que hacer, en cuanto me dirigí a la puerta de la casa mi nena empezó a llorar y me ensució el vestido que me había puesto, me tuve que llevar un  cambio para vestirme en la estética después de la depilada, pero mejor me bañé de nuevo y me rasuré las piernas, me choca depilarme porque las piernas se me ponen coloradas en partes, de todas maneras no salí ilesa, con las prisas me corté un poco más abajo de la rodilla.

Ya vestida de nuevo escogí unos tacones que me encantaban pero me molían los pies, pensé que se verían lindos para esta ocasión tan especial, mientras me ponía agua oxigenada en la cortadita me descubrí que algunas partes no estaban bien rasuradas, me quise morir y fui por la maquinilla de nuevo, ahora sin incidentes. Me terminé de vestir y aunque me habías dicho que te encantaban las medias, sentí que no estaría bien salir así a la sala, las guardé en mi bolsa. Me perfumé con mi perfume favorito y coloqué un algodoncito con perfume en mi escote como me enseñó mi mamá.

Al verme al espejo y ver en medio de mis senos mi tatuaje, me sentí contenta, no soy la mujer más flaca del mundo, pero al verme con ese vestido y con mi cabello húmedo no pude más que sonreírme con esa sonrisa pícara que dices que tengo, ya había pasado una hora desde que me llamaste y todavía tenía que ir a la estética a ponerme uñas. Me siento emocionada, apurada y con muchas ganas de verte.

Recibí el primero de 45 mensajes recién me salía de mi cuarto, mi vecina jugaba con mi niña y las tuve que sobornar para que me dejaran salir. Cuando me subí al carro escuché un ruido que no había escuchado antes y de pronto se apagó recibí tus mensajes 24, 25 y 26 con ganas de llorar, por un momento sentí que el destino me estaba diciendo que no fuera a la cita, volví a arrancar el carro y alcancé a llegar a la estética. Ya le había dicho a Tony que tenía prisa y aunque tenía a dos quinceañeras esperando para que las arreglara, como soy cliente me dio preferencia. Me consintió y mientras me peinaba Tony una niña nueva me comenzó a poner las uñas, mi cel no dejaba de sonar, con los mensajes y en cuanto pude vi que tenía 15 mensajes tuyos sin leer. Desesperadito.

Tony me peinó en tiempo record, la niña nueva me tuvo que poner dos veces una uña y ya estaba desesperada, tanto o más que las quinceañeras. Cuando iba a pagar y al sacar mi monedero se cayó una de las medias, me quise morir de la pena, Tony me miró pícaramente. Finalmente salí de la estética, en el inter llegaron el resto de tus mensajes. De plano el carro ya no quiso arrancar y detuve un taxi, me sirvió para terminarme de maquillar, le di la indicación al taxista que no dejaba de ver mi escote por el retrovisor y en dos ocasiones casi choca. Suspiré hondo y terminé de pintarme los ojos.

llegué tardísimo, por lo regular no suelo ser impuntual, pero ni cómo hacerle, subí las escaleras y le pregunté al muchacho de la recepción si podía subir, me barrió el desgraciado y pensó quien sabe qué cosas, cuando sentí como me abrazabas por detrás, sentí un susto y el baboso de la recepción se rió, pero al sentir tu mano por primera vez en mi vientre, me estremeció, giré para verte y me miré en tus ojos, una humedad y un calorcito deliciosos me comenzaron a recorrer toda, sin más me besaste en los labios, me dejé llevar, después de todo este tiempo imaginándome cómo serían tus besos no me decepcionaste, me gustó sentirte tan cerca de mí, tus brazos rodeándome tocándome.


Comenzamos a caminar hacia la habitación, me ofreciste el brazo y enseguida me abrazaste por la cintura, no dijimos una sola palabra o no me acuerdo, no importa, me sentí protegida, deseada, querida, un poco perversa y otro poco malvada.

En realidad todo inició como un juego para mí, un coqueteo que fue subiendo de tono hasta que comenzó a convertirse en una especie de droga. Nunca me imaginé llegar a sentirme contenta al platicar contigo y darte gusto al mostrar mi cuerpo. Sé lo que tengo y lo que produce en los hombres y a veces eso me ha metido en algunos problemas. No importa.

Cuando empezamos a mensajearnos me pareció interesante cómo te expresabas, me gustó leerte y picaste mi curiosidad, me reservé algunas opiniones y decidí que sería interesante seguirte la corriente; todos los hombres son iguales, se prenden con nada, nosotras somos más complejas que eso, aun así me imaginaba tus reacciones y por pura maldad te daba más cuerda, sin saber que este jueguito "inocente" me comenzaba a gustar.

Esa noche que me mandaste esa foto especial, todo cambió y creo que para bien, comencé a sentir mucha más confianza contigo que incluso con mi pareja, tal vez porque precisamente no convivíamos, porque para ti soy, citando tus palabras, una especie de diosa del sexo y aunque me gusta y siento, no soy para nada algo así, aunque me gusta jugar a que sí.

Lo más raro de todo este asunto, es que además de cómoda, me siento admirada y contenta. La convivencia se convierte en rutina y aunque amo a mi pareja, comencé a sentir una necesidad de conocerte, saber y averiguar si en realidad existía algo más que la atracción, cuando me propusiste vernos en persona todo esto pasó en segundos,  no te miento, me gusta lo que me mandas, pero por eso marqué para escucharte y descubrí algo en tu voz, calidez, deseo y eso me encendió por completo y no me limité, solamente disfruté y deseé que esa experiencia no fuera pasajera ni única.

Esa semana fue caótica para mí, tenía que encontrar un pretexto para dejar encargada a mi nena, para decirle a mi pareja que tenía que salir sin que él me quisiera acompañar, pensé en miles de pretextos, pero la fortuna o el diablo o mis ángeles guardianes lo resolvieron, él tendría un viaje de trabajo de una semana y saldría el miércoles en la noche, llegaría hasta el lunes siguiente. Por muy raro que suene no me sentía culpable, tal vez de buscar quién me cuidara a la nena, mi hermana no iba a poder y si se la llevaba a sus abuelos me preguntarían qué haría o por qué tenía que dejar a la niña.

Cuando me llamaste de la terminal pensé que no lo iba a lograr, pero mi vecina Tita me resolvió cuidar a mi hija en la casa, pero yo no me había arreglado. me iba a tardar, necesitaba depilarme las piernas, peinarme de menos, me quería poner uñas y necesitaba un día de 32 horas para todos los pendientes que tenía que hacer, en cuanto me dirigí a la puerta de la casa mi nena empezó a llorar y me ensució el vestido que me había puesto, me tuve que llevar un  cambio para vestirme en la estética después de la depilada, pero mejor me bañé de nuevo y me rasuré las piernas, me choca depilarme porque las piernas se me ponen coloradas en partes, de todas maneras no salí ilesa, con las prisas me corté un poco más abajo de la rodilla.

Ya vestida de nuevo escogí unos tacones que me encantaban pero me molían los pies, pensé que se verían lindos para esta ocasión tan especial, mientras me ponía agua oxigenada en la cortadita me descubrí que algunas partes no estaban bien rasuradas, me quise morir y fui por la maquinilla de nuevo, ahora sin incidentes. Me terminé de vestir y aunque me habías dicho que te encantaban las medias, sentí que no estaría bien salir así a la sala, las guardé en mi bolsa. Me perfumé con mi perfume favorito y coloqué un algodoncito con perfume en mi escote como me enseñó mi mamá.

Al verme al espejo y ver en medio de mis senos mi tatuaje, me sentí contenta, no soy la mujer más flaca del mundo, pero al verme con ese vestido y con mi cabello húmedo no pude más que sonreírme con esa sonrisa pícara que dices que tengo, ya había pasado una hora desde que me llamaste y todavía tenía que ir a la estética a ponerme uñas. Me siento emocionada, apurada y con muchas ganas de verte.

Recibí el primero de 45 mensajes recién me salía de mi cuarto, mi vecina jugaba con mi niña y las tuve que sobornar para que me dejaran salir. Cuando me subí al carro escuché un ruido que no había escuchado antes y de pronto se apagó recibí tus mensajes 24, 25 y 26 con ganas de llorar, por un momento sentí que el destino me estaba diciendo que no fuera a la cita, volví a arrancar el carro y alcancé a llegar a la estética. Ya le había dicho a Tony que tenía prisa y aunque tenía a dos quinceañeras esperando para que las arreglara, como soy cliente me dio preferencia. Me consintió y mientras me peinaba Tony una niña nueva me comenzó a poner las uñas, mi cel no dejaba de sonar, con los mensajes y en cuanto pude vi que tenía 15 mensajes tuyos sin leer. Desesperadito.

Tony me peinó en tiempo record, la niña nueva me tuvo que poner dos veces una uña y ya estaba desesperada, tanto o más que las quinceañeras. Cuando iba a pagar y al sacar mi monedero se cayó una de las medias, me quise morir de la pena, Tony me miró pícaramente. Finalmente salí de la estética, en el inter llegaron el resto de tus mensajes. De plano el carro ya no quiso arrancar y detuve un taxi, me sirvió para terminarme de maquillar, le di la indicación al taxista que no dejaba de ver mi escote por el retrovisor y en dos ocasiones casi choca. Suspiré hondo y terminé de pintarme los ojos.

llegué tardísimo, por lo regular no suelo ser impuntual, pero ni cómo hacerle, subí las escaleras y le pregunté al muchacho de la recepción si podía subir, me barrió el desgraciado y pensó quien sabe qué cosas, cuando sentí como me abrazabas por detrás, sentí un susto y el baboso de la recepción se rió, pero al sentir tu mano por primera vez en mi vientre, me estremeció, giré para verte y me miré en tus ojos, una humedad y un calorcito deliciosos me comenzaron a recorrer toda, sin más me besaste en los labios, me dejé llevar, después de todo este tiempo imaginándome cómo serían tus besos no me decepcionaste, me gustó sentirte tan cerca de mí, tus brazos rodeándome tocándome.


Comenzamos a caminar hacia la habitación, me ofreciste el brazo y enseguida me abrazaste por la cintura, no dijimos una sola palabra o no me acuerdo, no importa, me sentí protegida, deseada, querida, un poco perversa y otro poco malvada.

"Tan solo nosotros" (Cuento)

Nuestro encuentro fue completamente fortuito, sin esperar nada tal vez por eso hemos continuado juntos, porque jamás tuvimos expectativas el uno en el otro; bueno al principio he de confesar que sí tenía muchas expectativas, te imaginaba una especie de diosa del sexo, una ninfómana descarriada que trataba de saciar sus ganas y por eso me habías dado entrada.

Te imaginé con un corsé de cuero negro, botas altas de tacón y nada más. Había visto tus fotos, algunas muy sugerentes y ese exótico tatuaje en medio de tus senos, llamaste mi atención de inmediato con tu mirada, tu boca y ese revelador escote. Decidí iniciar una charla casual, tal vez empezar por el clima o la inseguridad de nuestro país pero después y meditándolo mejor, decidí que lo mejor era tratar de conocerte aunque no acostumbro intimar demasiado con las personas que conozco en las redes sociales, solamente me involucro de manera profesional, pero hay algo en ti que hace en mi cuerpo una reacción en cadena y solamente al mirar tus imágenes.

Sin nada que perder inicié una plática aparentemente desinteresada, eres reservada y eso me encantó, poco a poco nos comenzamos a conocer, yo tratando de controlar mis ganas y deseando que esas mismas ganas las compartieras conmigo; supimos un poco de la vida de cada uno, deseaba ser especial para ti, que lo que me cuentas sea exclusivo para mi conocimiento, para que te de una opinión o un consejo, lo que te he compartido así ha sido, solamente tú lo sabes.

Todos los días despierto ansioso y reviso mis mensajes, con suerte aparecen algunas palabras tuyas y con más suerte aún alguna foto. Tal vez esa mañana empezó verdaderamente todo; después de ver tu imagen mostrándome un poco más que tu generoso escote y apenas una sonrisa de labios carnosos sobre tus senos, mi reacción fue inmediata y en todo el día no pude concentrarme en mi trabajo, medité toda la tarde si debería de corresponder a tu regalo y llegando a casa me tomé una foto y sin pensarlo más la envié. Pasaron unos minutos y respondiste con una carita feliz, un dulce calor se apoderó de mí ser.

Son extrañas y deliciosas todas y cada una de esas sensaciones algunas de latente excitación solamente al leerte, otras cada vez que compartimos imágenes electrónicas; hasta aquella madrugada que me armé de valor y te propuse vernos en persona, marcaste de inmediato y por primera vez te escuché, tu voz me sedujo, aunque todo lo que hasta ese momento habíamos compartido pasó a un segundo plano cuando me dijiste que aceptabas el encuentro. Mí pasión volvió a crecer y te envié la prueba de ello, una imagen solamente para ti.

Una semana después preparaba mi mochila con un cambio de ropa, media docena de velas con aroma, unas cuantas varitas de incienso y una botella de vino tinto. En cuanto salí de la oficina me dirigí a la terminal de autobuses y compré el boleto hacia tu ciudad, acordamos que en cuanto llegara te llamaría para decirte en dónde me iba a hospedar, así lo hice apenas llegando, te marqué y me dijiste que tenías que arreglar un par de cosas, dejar encargada a tu hija y que en una hora y media a más tardar estarías conmigo.

Esperé ansioso, encendí la televisión para que me hiciera compañía, traté de imaginarte de cuerpo entero y no en fragmentos electrónicos, traté de hacerme una idea de tus verdaderas dimensiones, de tu aroma y del sabor de tus labios. Pasó  una hora y después una hora más, eran cerca de las nueve de la noche y no contestaste a ninguno de los 45 mensajes que te mandé dándote el nombre del hotel, el número de habitación y demás detalles, diciéndote 45 veces que estaba ansioso de verte. Esperé media hora más y ya moría de hambre, apagué las velas que había encendido media hora antes y bajé al lobby.

Le pregunté al encargado si había un restaurante típico cerca de ahí y me dio indicaciones para llegar al más cercano, me dijo que saliendo encontraría una cenaduría y que preguntara por doña Cata. Salí un poco malhumorado y muy preocupado por tu tardanza. Apenas saliendo del hotel un taxi verde se detuvo a entrada, bajaste bastante agitada en cuanto terminaste de pagar, te reconocí de inmediato pero no me viste, pasaste a mi lado haciendo sonar tus tacones, te ves hermosa, tu perfume quedó en el aire y olvidé lo hambriento que estaba, el malhumor y la preocupación que me embargaba.

Me acerqué a ti mientras le preguntabas al empleado por mí habitación; todavía invisible para ti te pude admirar a mi antojo, contemplé tus caderas, tus piernas torneadas por los tacones, tu cabello debajo del hombro recién peinado y alaciado de salón, comprendí el porqué de tu tardanza, eres tan alta como yo con los tacones, me gustaste más de lo que ya me gustabas; por fin escuchaba tu voz sin filtros, sentía tu aroma, tu cuerpo tan cerca.

Con cuidado desde atrás de ti sujeté tu cintura y emitiste un pequeño grito ante la mirada divertida del encargado; volteaste sorprendida, nuestros ojos se miraron por primera vez, te abracé con todas mis fuerzas después de admirarte de frente, tu discreto escote y la belleza exótica de ese tatuaje. Nos quedamos mudos unos instantes y sin decir nada más nos apretamos el uno contra el otro acercando nuestros labios para fundirnos en un delicioso y apasionado beso, el primero de la noche.


Después de ese primer beso, al tenerte sujeta de la cintura y al caminar hacia la habitación dejo de narrar esta historia, porque una vez que crucemos el umbral, podremos narrarla juntos.
Nuestro encuentro fue completamente fortuito, sin esperar nada tal vez por eso hemos continuado juntos, porque jamás tuvimos expectativas el uno en el otro; bueno al principio he de confesar que sí tenía muchas expectativas, te imaginaba una especie de diosa del sexo, una ninfómana descarriada que trataba de saciar sus ganas y por eso me habías dado entrada.

Te imaginé con un corsé de cuero negro, botas altas de tacón y nada más. Había visto tus fotos, algunas muy sugerentes y ese exótico tatuaje en medio de tus senos, llamaste mi atención de inmediato con tu mirada, tu boca y ese revelador escote. Decidí iniciar una charla casual, tal vez empezar por el clima o la inseguridad de nuestro país pero después y meditándolo mejor, decidí que lo mejor era tratar de conocerte aunque no acostumbro intimar demasiado con las personas que conozco en las redes sociales, solamente me involucro de manera profesional, pero hay algo en ti que hace en mi cuerpo una reacción en cadena y solamente al mirar tus imágenes.

Sin nada que perder inicié una plática aparentemente desinteresada, eres reservada y eso me encantó, poco a poco nos comenzamos a conocer, yo tratando de controlar mis ganas y deseando que esas mismas ganas las compartieras conmigo; supimos un poco de la vida de cada uno, deseaba ser especial para ti, que lo que me cuentas sea exclusivo para mi conocimiento, para que te de una opinión o un consejo, lo que te he compartido así ha sido, solamente tú lo sabes.

Todos los días despierto ansioso y reviso mis mensajes, con suerte aparecen algunas palabras tuyas y con más suerte aún alguna foto. Tal vez esa mañana empezó verdaderamente todo; después de ver tu imagen mostrándome un poco más que tu generoso escote y apenas una sonrisa de labios carnosos sobre tus senos, mi reacción fue inmediata y en todo el día no pude concentrarme en mi trabajo, medité toda la tarde si debería de corresponder a tu regalo y llegando a casa me tomé una foto y sin pensarlo más la envié. Pasaron unos minutos y respondiste con una carita feliz, un dulce calor se apoderó de mí ser.

Son extrañas y deliciosas todas y cada una de esas sensaciones algunas de latente excitación solamente al leerte, otras cada vez que compartimos imágenes electrónicas; hasta aquella madrugada que me armé de valor y te propuse vernos en persona, marcaste de inmediato y por primera vez te escuché, tu voz me sedujo, aunque todo lo que hasta ese momento habíamos compartido pasó a un segundo plano cuando me dijiste que aceptabas el encuentro. Mí pasión volvió a crecer y te envié la prueba de ello, una imagen solamente para ti.

Una semana después preparaba mi mochila con un cambio de ropa, media docena de velas con aroma, unas cuantas varitas de incienso y una botella de vino tinto. En cuanto salí de la oficina me dirigí a la terminal de autobuses y compré el boleto hacia tu ciudad, acordamos que en cuanto llegara te llamaría para decirte en dónde me iba a hospedar, así lo hice apenas llegando, te marqué y me dijiste que tenías que arreglar un par de cosas, dejar encargada a tu hija y que en una hora y media a más tardar estarías conmigo.

Esperé ansioso, encendí la televisión para que me hiciera compañía, traté de imaginarte de cuerpo entero y no en fragmentos electrónicos, traté de hacerme una idea de tus verdaderas dimensiones, de tu aroma y del sabor de tus labios. Pasó  una hora y después una hora más, eran cerca de las nueve de la noche y no contestaste a ninguno de los 45 mensajes que te mandé dándote el nombre del hotel, el número de habitación y demás detalles, diciéndote 45 veces que estaba ansioso de verte. Esperé media hora más y ya moría de hambre, apagué las velas que había encendido media hora antes y bajé al lobby.

Le pregunté al encargado si había un restaurante típico cerca de ahí y me dio indicaciones para llegar al más cercano, me dijo que saliendo encontraría una cenaduría y que preguntara por doña Cata. Salí un poco malhumorado y muy preocupado por tu tardanza. Apenas saliendo del hotel un taxi verde se detuvo a entrada, bajaste bastante agitada en cuanto terminaste de pagar, te reconocí de inmediato pero no me viste, pasaste a mi lado haciendo sonar tus tacones, te ves hermosa, tu perfume quedó en el aire y olvidé lo hambriento que estaba, el malhumor y la preocupación que me embargaba.

Me acerqué a ti mientras le preguntabas al empleado por mí habitación; todavía invisible para ti te pude admirar a mi antojo, contemplé tus caderas, tus piernas torneadas por los tacones, tu cabello debajo del hombro recién peinado y alaciado de salón, comprendí el porqué de tu tardanza, eres tan alta como yo con los tacones, me gustaste más de lo que ya me gustabas; por fin escuchaba tu voz sin filtros, sentía tu aroma, tu cuerpo tan cerca.

Con cuidado desde atrás de ti sujeté tu cintura y emitiste un pequeño grito ante la mirada divertida del encargado; volteaste sorprendida, nuestros ojos se miraron por primera vez, te abracé con todas mis fuerzas después de admirarte de frente, tu discreto escote y la belleza exótica de ese tatuaje. Nos quedamos mudos unos instantes y sin decir nada más nos apretamos el uno contra el otro acercando nuestros labios para fundirnos en un delicioso y apasionado beso, el primero de la noche.


Después de ese primer beso, al tenerte sujeta de la cintura y al caminar hacia la habitación dejo de narrar esta historia, porque una vez que crucemos el umbral, podremos narrarla juntos.

Explora, juega, aprende...



Los seres humanos somos criaturas de sentidos, a través de cada uno de ellos logramos vínculos de aprendizaje, empatía, cariño o rechazo. Existen no pocas diferencias entre la percepción femenina y la percepción masculina.

Los hombres somos en la mayoría de los casos mucho más visuales que las mujeres, ellas a su vez responden mejor a la estimulación auditiva. en cuanto al olfato, ambos sexos responden al aroma de la pareja y a toda esa enorme cantidad de feromonas invisibles que segregan los cuerpos dispuestos.

El gusto a su vez, esta muy ligado al olfato, y la preferencia de sabores dulces sobro otros es mayor en mujeres que en hombres.

Respecto al tacto los hombres somos mucho más bruscos, deseamos abarcar más, apretar más, demostrar nuestra fuerza bruta e impresionar a nuestra pareja y nos olvidamos buscar distintas zonas erógenas, la mayoría se concentran en los senos o en la estimulación vaginal directa, cuando desconocemos si a nuestra pareja le agrada más que la besemos o toquemos detrás de las rodillas, en el cuello, en las muñecas o en las axilas.

Desconocemos en gran medida esos gustos porque NO LOS PREGUNTAMOS y somos muy poco observadores, al estar con nuestra pareja, debemos concentrarnos en conocer, aprender en el ámbito de nuestros sentidos a satisfacer, a ofrecer sensaciones nuevas y cautivadoras.

Pero no hay nada mejor que empezar a conocer nuestro propio cuerpo, tócate, acaríciate con diversos objetos, explora lo que te agrada, ve en el espejo la maravilla que eres, disfrútate y acéptate con tu poco cabello, tus kilos de más o de menos, en sí mismo eres una maravilla única de la naturaleza la cual tiene la capacidad de sentir y de brindar placer.

Diviértete, explora, haz locuras, sorpréndete al empezar a sentir todas esas sensaciones que tu cuerpo te permita y compárte esa experiencia, juega, disfruta.




Los seres humanos somos criaturas de sentidos, a través de cada uno de ellos logramos vínculos de aprendizaje, empatía, cariño o rechazo. Existen no pocas diferencias entre la percepción femenina y la percepción masculina.

Los hombres somos en la mayoría de los casos mucho más visuales que las mujeres, ellas a su vez responden mejor a la estimulación auditiva. en cuanto al olfato, ambos sexos responden al aroma de la pareja y a toda esa enorme cantidad de feromonas invisibles que segregan los cuerpos dispuestos.

El gusto a su vez, esta muy ligado al olfato, y la preferencia de sabores dulces sobro otros es mayor en mujeres que en hombres.

Respecto al tacto los hombres somos mucho más bruscos, deseamos abarcar más, apretar más, demostrar nuestra fuerza bruta e impresionar a nuestra pareja y nos olvidamos buscar distintas zonas erógenas, la mayoría se concentran en los senos o en la estimulación vaginal directa, cuando desconocemos si a nuestra pareja le agrada más que la besemos o toquemos detrás de las rodillas, en el cuello, en las muñecas o en las axilas.

Desconocemos en gran medida esos gustos porque NO LOS PREGUNTAMOS y somos muy poco observadores, al estar con nuestra pareja, debemos concentrarnos en conocer, aprender en el ámbito de nuestros sentidos a satisfacer, a ofrecer sensaciones nuevas y cautivadoras.

Pero no hay nada mejor que empezar a conocer nuestro propio cuerpo, tócate, acaríciate con diversos objetos, explora lo que te agrada, ve en el espejo la maravilla que eres, disfrútate y acéptate con tu poco cabello, tus kilos de más o de menos, en sí mismo eres una maravilla única de la naturaleza la cual tiene la capacidad de sentir y de brindar placer.

Diviértete, explora, haz locuras, sorpréndete al empezar a sentir todas esas sensaciones que tu cuerpo te permita y compárte esa experiencia, juega, disfruta.



Muchas veces nos hemos preguntado qué tanto piensa el sexo opuesto en sexo; se han realizado estudios, se han publicado ensayos, se han formado debates televisivos y un largo etcétera; sin embargo la respuesta está en el aire.

En mi experiencia personal pienso repetidas ocasiones en sexo durante el día, es más, creo que en pocos momentos cotidianos dejo de pensar en sexo o algo relacionado con el sexo, en otras palabras medito sobre el tema y cómo cada quien lo va abordadno por su cuenta.

Para mi un día cotidiano inicia con una erección matutina que desaparece minutos después, me pongo un traje y salgo al trabajo, leo durante el camino y observo a las pasajeras con quienes comparto mi viaje, algunas de ellas son viajeras con las que he coincidido regularmente, van maquillándose en el camino, algunas con faldas cortas, pocas veces van escotadas, son mujeres entre 18 a 50 años, activas, la mayoría van al trabajo o a la universidad, me encanta observarlas, e incluso fantaseo historias con ellas, desde una historia rosa hasta una digna de cinta XXX.

También observo a mis congéneres, algunos indiscretos no disimilan al observar las formas femeninas, se clavan en escotes, nalgas o muslos, algunos incluso acercándose demasiado a ellas. A veces los miro con reproche y algunas veces con cierta envidia, observo y trato de recordar cada rostro femenino o un rasgo característico de cada una de esas compañeras anónimas.

Una es una mujer embarazada, hermosa por su próxima maternidad, siempre arreglada y sonriente, otra de senos hermosos y siempre acompañada de un libro, una más de lentes de pasta y boca roja, peinado vintage y unas piernas torneadas y delgadas, siempre enfundadas de medias negras; una mujer de mediana edad (o mejor dicho casi de mi edad), que me encanta por su perfume. A veces coincido con unas o con otras y me sorprendo fantaseando con cada una de ellas, las imagino semidesnudas, desnudas o vestidas de manera completamente distinta.

Al llegar a la oficina mi sentido de la vista se llena de otras imágenes, la mayoría de tacones altos, botas de tacón, faldas, piernas y más escotes, cougars, ejecutivas o aspirantes a cualquier puesto gracias a su "amplio criterio", en este punto siempre me pregunto si ellas saben cuán provocativas se ven, si se visten para nosotros los mirones o para su mirón particular, si se visten para transgredir y recordarnos constantemente que "Se mira pero no se toca".

¿Y ellas? ¿distinguirán entre un traje y otro? ¿Piensan en sexo y fantasean con los hombres que se cruzan en su camino? ¿Qué piensan las mujeres de nosotros? Me pregunto si ellas se detienen a ver nuestras nalgas, nuestra espalda, si su atención se fija en nuestra entrepierna tratando de descubrir erecciones o en nuestros brazos o manos. Una vez preguntándole a una amiga, respondió que la parte que más le gustaba de un hombre eran sus manos y ¡sus cejas! Quedé extrañado, la pregunta era obvia y pensé que me estaba tomando el pelo que no tengo.

Tal vez le damos demasiada importancia al sexo, vivimos bombardeados de impulsos sexuales auditivos, olfativos, visuales, pocas veces probamos o tocamos. aunque para mi el sabor de una mujer es un gusto delicioso detrás de la garganta y la textura es cálida al tacto, a veces húmeda. tal vez la genética nos enseña que es necesario mantener la especia, que es necesario aparearse con el mayor número de hembras y esas hembras desean asegurar su progenie a través de encontrar al mejor proveedor posible. Meras ideas que cruzan en mi mente al ver y fantasear.

Leí alguna vez que para las mujeres un hombre con traje representa lo mismo que para nosotros una mujer en lencería, me pareció interesante y desde ese día procuro vestir traje, corbata y gabardina, mis zapatos muy bien boleados y usar loción amaderada, Pero a partir de ese día y tal vez ingenuamente me he sentido un símbolo erótico de la masculinidad que se ha estado perdiendo en los últimos tiempos.

¿Y tu cuánto tiempo piensas en sexo?

Muchas veces nos hemos preguntado qué tanto piensa el sexo opuesto en sexo; se han realizado estudios, se han publicado ensayos, se han formado debates televisivos y un largo etcétera; sin embargo la respuesta está en el aire.

En mi experiencia personal pienso repetidas ocasiones en sexo durante el día, es más, creo que en pocos momentos cotidianos dejo de pensar en sexo o algo relacionado con el sexo, en otras palabras medito sobre el tema y cómo cada quien lo va abordadno por su cuenta.

Para mi un día cotidiano inicia con una erección matutina que desaparece minutos después, me pongo un traje y salgo al trabajo, leo durante el camino y observo a las pasajeras con quienes comparto mi viaje, algunas de ellas son viajeras con las que he coincidido regularmente, van maquillándose en el camino, algunas con faldas cortas, pocas veces van escotadas, son mujeres entre 18 a 50 años, activas, la mayoría van al trabajo o a la universidad, me encanta observarlas, e incluso fantaseo historias con ellas, desde una historia rosa hasta una digna de cinta XXX.

También observo a mis congéneres, algunos indiscretos no disimilan al observar las formas femeninas, se clavan en escotes, nalgas o muslos, algunos incluso acercándose demasiado a ellas. A veces los miro con reproche y algunas veces con cierta envidia, observo y trato de recordar cada rostro femenino o un rasgo característico de cada una de esas compañeras anónimas.

Una es una mujer embarazada, hermosa por su próxima maternidad, siempre arreglada y sonriente, otra de senos hermosos y siempre acompañada de un libro, una más de lentes de pasta y boca roja, peinado vintage y unas piernas torneadas y delgadas, siempre enfundadas de medias negras; una mujer de mediana edad (o mejor dicho casi de mi edad), que me encanta por su perfume. A veces coincido con unas o con otras y me sorprendo fantaseando con cada una de ellas, las imagino semidesnudas, desnudas o vestidas de manera completamente distinta.

Al llegar a la oficina mi sentido de la vista se llena de otras imágenes, la mayoría de tacones altos, botas de tacón, faldas, piernas y más escotes, cougars, ejecutivas o aspirantes a cualquier puesto gracias a su "amplio criterio", en este punto siempre me pregunto si ellas saben cuán provocativas se ven, si se visten para nosotros los mirones o para su mirón particular, si se visten para transgredir y recordarnos constantemente que "Se mira pero no se toca".

¿Y ellas? ¿distinguirán entre un traje y otro? ¿Piensan en sexo y fantasean con los hombres que se cruzan en su camino? ¿Qué piensan las mujeres de nosotros? Me pregunto si ellas se detienen a ver nuestras nalgas, nuestra espalda, si su atención se fija en nuestra entrepierna tratando de descubrir erecciones o en nuestros brazos o manos. Una vez preguntándole a una amiga, respondió que la parte que más le gustaba de un hombre eran sus manos y ¡sus cejas! Quedé extrañado, la pregunta era obvia y pensé que me estaba tomando el pelo que no tengo.

Tal vez le damos demasiada importancia al sexo, vivimos bombardeados de impulsos sexuales auditivos, olfativos, visuales, pocas veces probamos o tocamos. aunque para mi el sabor de una mujer es un gusto delicioso detrás de la garganta y la textura es cálida al tacto, a veces húmeda. tal vez la genética nos enseña que es necesario mantener la especia, que es necesario aparearse con el mayor número de hembras y esas hembras desean asegurar su progenie a través de encontrar al mejor proveedor posible. Meras ideas que cruzan en mi mente al ver y fantasear.

Leí alguna vez que para las mujeres un hombre con traje representa lo mismo que para nosotros una mujer en lencería, me pareció interesante y desde ese día procuro vestir traje, corbata y gabardina, mis zapatos muy bien boleados y usar loción amaderada, Pero a partir de ese día y tal vez ingenuamente me he sentido un símbolo erótico de la masculinidad que se ha estado perdiendo en los últimos tiempos.

¿Y tu cuánto tiempo piensas en sexo?

Por mí, el mundo de la moda, y hasta la opinión de muchas personas, pueden irse al demonio. No. No me malentiendan, no es ser grosera, es que hay cosas que no soporto.

Me explico más a detalle.

Las pasarelas están llenas de mujeres muy guapas en general, si, pero que en lo personal, las veo y me dan ganas de aventarles un pan.


Qué es esto? es el actual modelo de belleza? Entonces el 90% de mujeres del mundo estamos perdidas. Claro que es bonita, pero si la vistes de hombre, seguro parece su hermano. No tiene ni media curva. 
De verdad, hombres, les gustan las chicas así? 

Si, defenderé hasta la muerte que para todo hay gustos. Pero lo que en realidad me molesta es que se difunda la idea de que para ser bella y perfecta, hay que estar en los huesos. 



Literalmente en los huesos... 
No sé, tal vez es cuestión de gusto personal, pero yo voy más con la idea de que las mujeres de cuerpo "normal" (Entre comillas, porque, qué es normalidad?) son más atractivas. 





Conozco a más de un@s amig@a que prefieren definitivamente este tipo de chica...con más curvas, más piel... más de todo. Las llamadas gordibuenas


Veo más inspirador una mujer guapa, curvilínea, atractiva y segura de sí misma, que una chica que se mata de hambre y se enorgullece de que se le notan los huesos de la clavícula. (Así es, conozco algunas).

No sé, yo la veo perfecta. Ustedes qué opinan? 





Por mí, el mundo de la moda, y hasta la opinión de muchas personas, pueden irse al demonio. No. No me malentiendan, no es ser grosera, es que hay cosas que no soporto.

Me explico más a detalle.

Las pasarelas están llenas de mujeres muy guapas en general, si, pero que en lo personal, las veo y me dan ganas de aventarles un pan.


Qué es esto? es el actual modelo de belleza? Entonces el 90% de mujeres del mundo estamos perdidas. Claro que es bonita, pero si la vistes de hombre, seguro parece su hermano. No tiene ni media curva. 
De verdad, hombres, les gustan las chicas así? 

Si, defenderé hasta la muerte que para todo hay gustos. Pero lo que en realidad me molesta es que se difunda la idea de que para ser bella y perfecta, hay que estar en los huesos. 



Literalmente en los huesos... 
No sé, tal vez es cuestión de gusto personal, pero yo voy más con la idea de que las mujeres de cuerpo "normal" (Entre comillas, porque, qué es normalidad?) son más atractivas. 





Conozco a más de un@s amig@a que prefieren definitivamente este tipo de chica...con más curvas, más piel... más de todo. Las llamadas gordibuenas


Veo más inspirador una mujer guapa, curvilínea, atractiva y segura de sí misma, que una chica que se mata de hambre y se enorgullece de que se le notan los huesos de la clavícula. (Así es, conozco algunas).

No sé, yo la veo perfecta. Ustedes qué opinan? 






Al hablar de erotismo inmediatamente lo relacionamos con el sexo, lo hemos malentendido; si bien es cierto que la base del erotismo es el sexo, el acto puro y llano de la cópula (en entradas posteriores tocaremos el punto del homosexualismo), también es parte de un intrincado ejercicio mental y sensorial más allá de la saciedad de un impulso natural.

Me gustaría hacer la comparación con la comida, un delicioso guisado compuesto, por ejemplo una paella (arroz con mariscos), es a la necesidad de alimentarse del ser humano lo que el erotismo al sexo. Me explico: El erotismo es el grado máximo de perfeccionamiento a fin de saciar una necesidad básica del ser humano, el erotismo no solamente excita por el resultado, excita por el preparativo, por la manipulación sensorial y sensual, la búsqueda de la mejor caricia, el mejor color, la mejor textura, el mejor aroma, el mejor gusto y la composición de diversos elementos para lograr un orgasmo o la satisfacción deseada (también hablaremos posteriormente de la satisfacción).

Pero ¿Cuánto es demasiado? ¿En qué momento deja de ser placentero? Creo que el momento en el cual llega el hastío y la monotonía es el momento de realizar cambios. Regresemos al ejemplo de la paella, por más que te guste el color amarillo, el gusto del azafrán con el arroz y los mariscos, el aroma delicioso del platillo, puedes devorar uno, dos y hasta tres platos, pero al llegar al cuarto sinceramente creo que comenzará un malestar real y en mucho tiempo no desearás comer paella. ¿Sucede lo mismo con tu pareja o a tu pareja contigo?

Corremos ese riesgo, ya sea con una pareja estable o con una pareja pasajera, el hastiar o hastiarnos de todo lo que en un principio excita a los sentidos; existen estudios que demuestran que mucho del atractivo recae en las feromonas la famosa "química", pero no hay que dejar de lado la estimulación del órgano sexual más importante del cuerpo humano, nuestro cerebro es el que se encarga de asociar, traducir la información de los sentidos y reaccionar a tales estímulos. Por eso nos excitamos al ver o al escuchar, sin necesidad de tocar, oler o probar. Nos excitamos al recibir el estímulo directo al cerebro (Mmmmmmmmh recordé unas sesiones de sexo virtual bastante agradables), asociamos y deseamos, porque lo hemos percibido a través de nuestros sentidos.

Pero ¿Qué sucede cuando el estímulo sensorial no es positivo? Muchas veces nos enfrascamos en relaciones monótonas, en las cuales "la chispa" ha ido apagándose, dejamos de arreglarnos (la vista), dejamos de lavarnos los dientes o ponernos loción o perfume (el olfato), dejamos de arreglarnos las uñas, no nos depilamos, ya no nos tocamos (el tacto), dejamos de decir cosas lindas y halagadoras y solamente existen reclamos o "ley del hielo" (el oído) y dejamos de besarnos (el gusto), poco a poco los sentidos se revelan y buscan encontrar algo que los vuelva a excitar, en lugar de hablarlo o poner de nuestra parte (me declaro culpable).

Hay que comentar que todo lo que afecta a la pareja o a nosotros repercute en la relación, los miedos, los principios, las preocupaciones, pero principalmente el miedo nos afectan enormemente en nuestras relaciones, por eso es importante hablar y aceptar lo que nuestra pareja tiene que decirnos, y no temer en decir lo que deseamos en nuestra relación. A partir del entendimiento y del compromiso de nuestra pareja y para con nosotros mismos podemos disfrutar de ese maravilloso regalo que es el compartir una experiencia y un deseo.

Para mi ese es el erotismo, la cumbre de la excitación sexual a través de palabras, caricias, besos, roces, lamidas, fetiches, texturas y sensaciones, ¿Que tan elaborado o que tan extraño puede resultar todo ese conjunto de objetos del deseo? Tanto como tu lo desees y te lo permitas o tu pareja (con el respeto que se merece) lo permita a su vez. Tan claro como saber que te puedes quitar el hambre comiéndote un taco de sal o la tan mencionada paella.


Al hablar de erotismo inmediatamente lo relacionamos con el sexo, lo hemos malentendido; si bien es cierto que la base del erotismo es el sexo, el acto puro y llano de la cópula (en entradas posteriores tocaremos el punto del homosexualismo), también es parte de un intrincado ejercicio mental y sensorial más allá de la saciedad de un impulso natural.

Me gustaría hacer la comparación con la comida, un delicioso guisado compuesto, por ejemplo una paella (arroz con mariscos), es a la necesidad de alimentarse del ser humano lo que el erotismo al sexo. Me explico: El erotismo es el grado máximo de perfeccionamiento a fin de saciar una necesidad básica del ser humano, el erotismo no solamente excita por el resultado, excita por el preparativo, por la manipulación sensorial y sensual, la búsqueda de la mejor caricia, el mejor color, la mejor textura, el mejor aroma, el mejor gusto y la composición de diversos elementos para lograr un orgasmo o la satisfacción deseada (también hablaremos posteriormente de la satisfacción).

Pero ¿Cuánto es demasiado? ¿En qué momento deja de ser placentero? Creo que el momento en el cual llega el hastío y la monotonía es el momento de realizar cambios. Regresemos al ejemplo de la paella, por más que te guste el color amarillo, el gusto del azafrán con el arroz y los mariscos, el aroma delicioso del platillo, puedes devorar uno, dos y hasta tres platos, pero al llegar al cuarto sinceramente creo que comenzará un malestar real y en mucho tiempo no desearás comer paella. ¿Sucede lo mismo con tu pareja o a tu pareja contigo?

Corremos ese riesgo, ya sea con una pareja estable o con una pareja pasajera, el hastiar o hastiarnos de todo lo que en un principio excita a los sentidos; existen estudios que demuestran que mucho del atractivo recae en las feromonas la famosa "química", pero no hay que dejar de lado la estimulación del órgano sexual más importante del cuerpo humano, nuestro cerebro es el que se encarga de asociar, traducir la información de los sentidos y reaccionar a tales estímulos. Por eso nos excitamos al ver o al escuchar, sin necesidad de tocar, oler o probar. Nos excitamos al recibir el estímulo directo al cerebro (Mmmmmmmmh recordé unas sesiones de sexo virtual bastante agradables), asociamos y deseamos, porque lo hemos percibido a través de nuestros sentidos.

Pero ¿Qué sucede cuando el estímulo sensorial no es positivo? Muchas veces nos enfrascamos en relaciones monótonas, en las cuales "la chispa" ha ido apagándose, dejamos de arreglarnos (la vista), dejamos de lavarnos los dientes o ponernos loción o perfume (el olfato), dejamos de arreglarnos las uñas, no nos depilamos, ya no nos tocamos (el tacto), dejamos de decir cosas lindas y halagadoras y solamente existen reclamos o "ley del hielo" (el oído) y dejamos de besarnos (el gusto), poco a poco los sentidos se revelan y buscan encontrar algo que los vuelva a excitar, en lugar de hablarlo o poner de nuestra parte (me declaro culpable).

Hay que comentar que todo lo que afecta a la pareja o a nosotros repercute en la relación, los miedos, los principios, las preocupaciones, pero principalmente el miedo nos afectan enormemente en nuestras relaciones, por eso es importante hablar y aceptar lo que nuestra pareja tiene que decirnos, y no temer en decir lo que deseamos en nuestra relación. A partir del entendimiento y del compromiso de nuestra pareja y para con nosotros mismos podemos disfrutar de ese maravilloso regalo que es el compartir una experiencia y un deseo.

Para mi ese es el erotismo, la cumbre de la excitación sexual a través de palabras, caricias, besos, roces, lamidas, fetiches, texturas y sensaciones, ¿Que tan elaborado o que tan extraño puede resultar todo ese conjunto de objetos del deseo? Tanto como tu lo desees y te lo permitas o tu pareja (con el respeto que se merece) lo permita a su vez. Tan claro como saber que te puedes quitar el hambre comiéndote un taco de sal o la tan mencionada paella.

¿Existe la fidelidad?


“Prometo serte fiel, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida, hasta que la muerte nos separe…” ¿¿¿DE VERDAD???
Los motivos que llevan a la infidelidad son muchos y muy variados pero casi siempre están relacionadas con las crisis de pareja en las que se busca en otra persona aspectos sexuales, emocionales o intelectuales que su pareja no le da. El descubrimiento de las infidelidades suele tener efectos devastadores en cualquier relación. En todo caso, entender este fenómeno es un buen paso para saber afrontarlo.
¿Alguien que te ama puede serte infiel? Yo creo que no. La confianza lo es todo en una pareja, y una vez que se ha traicionado esa confianza, todo está perdido. Tal vez haya un perdón, pero jamás vuelve a tu vocabulario la frase “Es incapaz de algo así”, ahora sabes que es capaz, y ya no sabes de qué otras cosas más.

Existen niveles de infidelidad, aunque en ninguno de los casos se justifica el engaño. Todo ser humano tiene poder de elección y pocas veces hacemos algo que no queramos. Los hay desde aquellas personas que al aburrirse, buscan algo nuevo, con tal de salir de la monotonía y la rutina caen en la tentación que les ha puesto en frente aquel compañero de trabajo, o aquella vecina tan amable, y luego no encuentran como remediar su error, pues se dan cuenta de que no vale perder lo que tienen por una pequeña aventura; hasta los que mantienen una relación de tiempo, y festejan hasta los aniversarios.
La intención no es satanizar el tema, cada quien tiene la libertad de elegir, pero invito a aquellos que pasan por una situación así a pensar en los daños que esto puede provocar, además claro, de la ya conocida frase de no hacer lo que no quieres que te hagan.
¿Quién sale perdiendo? Todos, incluso aquel que comete la infidelidad, pues la sensación de vacío y culpa, que tarde o temprano queda es difícil de sobrellevar, aún cuando nadie te descubra, tú sabes que le estás fallando alguien que confía en ti.
Ya lo hiciste, estás arrepentido… ¿vas a decírselo? La verdad es que eso sólo tú lo puedes decidir, ya tuviste el valor de ser infiel, ¿lo tendrás para ser sincero? Es cierto que puede traer consecuencias graves y mucho dolor, pero ya no hay marcha atrás, y sería peor que se enterara por otro lado. Hay a quienes les funciona el no volverlo a hacer, y guardar silencio para que nadie salga herido, pero eso depende de cada persona, y del tipo de relación que quieren tener.Si buscas que te perdonen, primero reconoce tus errores, acepta que te equivocaste, y trata el tema con toda la sinceridad del mundo. Pide perdón a quienes lastimaste e intenta recuperar la confianza perdida; no será nada fácil, lleva mucho tiempo lograrlo, a veces llega a ser hasta imposible, pero no pierdas la esperanza, y menos aún si amas a tu pareja de verdad.
Si te han sido infiel, sé fuerte, toma todo el dolor como aprendizaje y perdona, pero sólo tu decides si das otra oportunidad a tu relación. Toma en cuenta que el verdadero amor puede contra todo, si puedes olvidar, adelante. Pero hazlo sólo por eso, por amor, nunca por una seguridad económica o por el qué dirán, ninguna razón distinta al amor es válida para soportar convivir con alguien que te ha dañado, y que su presencia te lastima.
Hay personas que soportan todo porque piensan que no son capaces de salir adelante solos, que no pueden vivir sin compañía o no trabajan y necesitan quien las mantenga; o bien, lo hacen por los hijos. Todo esto es un gran error, no hay persona que no pueda sobrevivir a las tormentas, pero deben aprender a quererse a sí mismos, darse cuenta de que no hay poder más grande que el querer lograr algo. Respecto a los hijos, es más dañino para ellos vivir en un ambiente tenso, de dolor y a veces hasta odio. Aunque una separación les es difícil, si es bien manejada, termina siendo un aprendizaje de vida para ellos, sin llevarse una impresión equivocada de la vida en pareja.Si estás pensando hacerlo, piénsalo bien, analiza el porqué has caído en esta situación, piensa bien en lo que vas a hacer y en quienes pueden salir lastimados. Si ya no estas cómodo con tu pareja, hayas sido infiel o no, lo más sano es hablar con la verdad, separarse en buenos términos es lo mejor para las dos personas, y, en su caso, para los hijos.

“Prometo serte fiel, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida, hasta que la muerte nos separe…” ¿¿¿DE VERDAD???
Los motivos que llevan a la infidelidad son muchos y muy variados pero casi siempre están relacionadas con las crisis de pareja en las que se busca en otra persona aspectos sexuales, emocionales o intelectuales que su pareja no le da. El descubrimiento de las infidelidades suele tener efectos devastadores en cualquier relación. En todo caso, entender este fenómeno es un buen paso para saber afrontarlo.
¿Alguien que te ama puede serte infiel? Yo creo que no. La confianza lo es todo en una pareja, y una vez que se ha traicionado esa confianza, todo está perdido. Tal vez haya un perdón, pero jamás vuelve a tu vocabulario la frase “Es incapaz de algo así”, ahora sabes que es capaz, y ya no sabes de qué otras cosas más.

Existen niveles de infidelidad, aunque en ninguno de los casos se justifica el engaño. Todo ser humano tiene poder de elección y pocas veces hacemos algo que no queramos. Los hay desde aquellas personas que al aburrirse, buscan algo nuevo, con tal de salir de la monotonía y la rutina caen en la tentación que les ha puesto en frente aquel compañero de trabajo, o aquella vecina tan amable, y luego no encuentran como remediar su error, pues se dan cuenta de que no vale perder lo que tienen por una pequeña aventura; hasta los que mantienen una relación de tiempo, y festejan hasta los aniversarios.
La intención no es satanizar el tema, cada quien tiene la libertad de elegir, pero invito a aquellos que pasan por una situación así a pensar en los daños que esto puede provocar, además claro, de la ya conocida frase de no hacer lo que no quieres que te hagan.
¿Quién sale perdiendo? Todos, incluso aquel que comete la infidelidad, pues la sensación de vacío y culpa, que tarde o temprano queda es difícil de sobrellevar, aún cuando nadie te descubra, tú sabes que le estás fallando alguien que confía en ti.
Ya lo hiciste, estás arrepentido… ¿vas a decírselo? La verdad es que eso sólo tú lo puedes decidir, ya tuviste el valor de ser infiel, ¿lo tendrás para ser sincero? Es cierto que puede traer consecuencias graves y mucho dolor, pero ya no hay marcha atrás, y sería peor que se enterara por otro lado. Hay a quienes les funciona el no volverlo a hacer, y guardar silencio para que nadie salga herido, pero eso depende de cada persona, y del tipo de relación que quieren tener.Si buscas que te perdonen, primero reconoce tus errores, acepta que te equivocaste, y trata el tema con toda la sinceridad del mundo. Pide perdón a quienes lastimaste e intenta recuperar la confianza perdida; no será nada fácil, lleva mucho tiempo lograrlo, a veces llega a ser hasta imposible, pero no pierdas la esperanza, y menos aún si amas a tu pareja de verdad.
Si te han sido infiel, sé fuerte, toma todo el dolor como aprendizaje y perdona, pero sólo tu decides si das otra oportunidad a tu relación. Toma en cuenta que el verdadero amor puede contra todo, si puedes olvidar, adelante. Pero hazlo sólo por eso, por amor, nunca por una seguridad económica o por el qué dirán, ninguna razón distinta al amor es válida para soportar convivir con alguien que te ha dañado, y que su presencia te lastima.
Hay personas que soportan todo porque piensan que no son capaces de salir adelante solos, que no pueden vivir sin compañía o no trabajan y necesitan quien las mantenga; o bien, lo hacen por los hijos. Todo esto es un gran error, no hay persona que no pueda sobrevivir a las tormentas, pero deben aprender a quererse a sí mismos, darse cuenta de que no hay poder más grande que el querer lograr algo. Respecto a los hijos, es más dañino para ellos vivir en un ambiente tenso, de dolor y a veces hasta odio. Aunque una separación les es difícil, si es bien manejada, termina siendo un aprendizaje de vida para ellos, sin llevarse una impresión equivocada de la vida en pareja.Si estás pensando hacerlo, piénsalo bien, analiza el porqué has caído en esta situación, piensa bien en lo que vas a hacer y en quienes pueden salir lastimados. Si ya no estas cómodo con tu pareja, hayas sido infiel o no, lo más sano es hablar con la verdad, separarse en buenos términos es lo mejor para las dos personas, y, en su caso, para los hijos.


¿Quién no se lo ha preguntado?

Hombres y mujeres por igual se han cuestionado si el tamaño del pene importa o no. Pero en el fondo todos sabemos la respuesta.

Y la verdad es que, no hay una verdad universal. Podría decirse que si, el tamaño del pene es importante, en función de nuestros gustos personales.

Miles (si no es que millones) de hombres se sienten inconformes con sus medidas, a causa de las grandes expectativas que han creado los medios, ese tamaño que muy pocos alcanzan, y que para el promedio de los humanos es imposible. Los famosos 23cm.  Van por la vida sintiéndose infelices por creer que sus centímetros nos suficientes.

Qué diferente sería, si en vez de promover la falsa creencia de para complacer a una mujer se necesita un pene descomunal, se difundiera la idea de que lo que las mujeres quieren, es atención. SI. Atención en la cama, caricias, besos, intensidad o suavidad, pero que realmente se preocupen de hacerles sentir todo tipo de sensaciones, y no sólo se dediquen a su placer personal, o bien, que no estén distraídos por el trauma del tamaño.

¿Entonces, el tamaño importa o no? 

Depende.

Si un hombre es apasionado, atento, preocupado por el placer de su pareja, el tamaño es lo menos importante.

Si un hombre es egoísta, sólo piensa en su placer, y no tiene un gran desempeño, con un pene pequeño... ni cómo ayudarle, En cambio si con todas esas fallas, su miembro es de un tamaño interesante y atractivo, podría decir que, si bien no será la mejor noche de su vida, una mujer sabrá qué hacer para sacar provecho de la situación.

Claro que en esta segunda cuestión tal vez ni eso sea suficiente... así que como podrás concluir, es mejor el desempeño que las medidas.

En resumen lo más factible es preguntarle a tu pareja sexual qué le gusta en el sexo, y así, si tú te esfuerzas por darle placer, ten por seguro que nadie va a sacar una cinta métrica ni te va a poner pretextos para repetir la ocasión.

Si quieres aprender más sobre cómo darle placer a tu pareja, te recomiendo pasar a ESTE POST que seguramente te será muy útil. :)



¿Quién no se lo ha preguntado?

Hombres y mujeres por igual se han cuestionado si el tamaño del pene importa o no. Pero en el fondo todos sabemos la respuesta.

Y la verdad es que, no hay una verdad universal. Podría decirse que si, el tamaño del pene es importante, en función de nuestros gustos personales.

Miles (si no es que millones) de hombres se sienten inconformes con sus medidas, a causa de las grandes expectativas que han creado los medios, ese tamaño que muy pocos alcanzan, y que para el promedio de los humanos es imposible. Los famosos 23cm.  Van por la vida sintiéndose infelices por creer que sus centímetros nos suficientes.

Qué diferente sería, si en vez de promover la falsa creencia de para complacer a una mujer se necesita un pene descomunal, se difundiera la idea de que lo que las mujeres quieren, es atención. SI. Atención en la cama, caricias, besos, intensidad o suavidad, pero que realmente se preocupen de hacerles sentir todo tipo de sensaciones, y no sólo se dediquen a su placer personal, o bien, que no estén distraídos por el trauma del tamaño.

¿Entonces, el tamaño importa o no? 

Depende.

Si un hombre es apasionado, atento, preocupado por el placer de su pareja, el tamaño es lo menos importante.

Si un hombre es egoísta, sólo piensa en su placer, y no tiene un gran desempeño, con un pene pequeño... ni cómo ayudarle, En cambio si con todas esas fallas, su miembro es de un tamaño interesante y atractivo, podría decir que, si bien no será la mejor noche de su vida, una mujer sabrá qué hacer para sacar provecho de la situación.

Claro que en esta segunda cuestión tal vez ni eso sea suficiente... así que como podrás concluir, es mejor el desempeño que las medidas.

En resumen lo más factible es preguntarle a tu pareja sexual qué le gusta en el sexo, y así, si tú te esfuerzas por darle placer, ten por seguro que nadie va a sacar una cinta métrica ni te va a poner pretextos para repetir la ocasión.

Si quieres aprender más sobre cómo darle placer a tu pareja, te recomiendo pasar a ESTE POST que seguramente te será muy útil. :)



La famosa trilogía "50 sombras de Grey" causó revuelo desde su lanzamiento. No hay quien no haya escuchado de esos libros que llevaban a las mujeres a soñar, imaginar, y por qué no? también fantasear.

La romántica historia de pasión, deseo, erotismo y amor del millonario Christian Grey y la sencilla Anastasia Steele,  rompió todos los récords de ventas y ahora pasó del papel a la pantalla grande, pero si eres de los pocos que aún no leen la obra de la autora E.L. James, te dejamos aquí los enlaces para que descargues los pdf de 50 sombras de Grey y sepas de qué va todo ese rollo de masoquismo, ataduras, deliciosos premios e intensos castigos que ahora a las damas les resulta tan interesante.




Descargar 50 sombras de Grey:

MEGA

Descargar 50 sombras más oscuras:

MEGA

Descargar 50 sombras liberadas:

MEGA



La famosa trilogía "50 sombras de Grey" causó revuelo desde su lanzamiento. No hay quien no haya escuchado de esos libros que llevaban a las mujeres a soñar, imaginar, y por qué no? también fantasear.

La romántica historia de pasión, deseo, erotismo y amor del millonario Christian Grey y la sencilla Anastasia Steele,  rompió todos los récords de ventas y ahora pasó del papel a la pantalla grande, pero si eres de los pocos que aún no leen la obra de la autora E.L. James, te dejamos aquí los enlaces para que descargues los pdf de 50 sombras de Grey y sepas de qué va todo ese rollo de masoquismo, ataduras, deliciosos premios e intensos castigos que ahora a las damas les resulta tan interesante.




Descargar 50 sombras de Grey:

MEGA

Descargar 50 sombras más oscuras:

MEGA

Descargar 50 sombras liberadas:

MEGA