Muchas veces nos hemos preguntado qué tanto piensa el sexo opuesto en sexo; se han realizado estudios, se han publicado ensayos, se han formado debates televisivos y un largo etcétera; sin embargo la respuesta está en el aire.
En mi experiencia personal pienso repetidas ocasiones en sexo durante el día, es más, creo que en pocos momentos cotidianos dejo de pensar en sexo o algo relacionado con el sexo, en otras palabras medito sobre el tema y cómo cada quien lo va abordadno por su cuenta.
Para mi un día cotidiano inicia con una erección matutina que desaparece minutos después, me pongo un traje y salgo al trabajo, leo durante el camino y observo a las pasajeras con quienes comparto mi viaje, algunas de ellas son viajeras con las que he coincidido regularmente, van maquillándose en el camino, algunas con faldas cortas, pocas veces van escotadas, son mujeres entre 18 a 50 años, activas, la mayoría van al trabajo o a la universidad, me encanta observarlas, e incluso fantaseo historias con ellas, desde una historia rosa hasta una digna de cinta XXX.
También observo a mis congéneres, algunos indiscretos no disimilan al observar las formas femeninas, se clavan en escotes, nalgas o muslos, algunos incluso acercándose demasiado a ellas. A veces los miro con reproche y algunas veces con cierta envidia, observo y trato de recordar cada rostro femenino o un rasgo característico de cada una de esas compañeras anónimas.
Una es una mujer embarazada, hermosa por su próxima maternidad, siempre arreglada y sonriente, otra de senos hermosos y siempre acompañada de un libro, una más de lentes de pasta y boca roja, peinado vintage y unas piernas torneadas y delgadas, siempre enfundadas de medias negras; una mujer de mediana edad (o mejor dicho casi de mi edad), que me encanta por su perfume. A veces coincido con unas o con otras y me sorprendo fantaseando con cada una de ellas, las imagino semidesnudas, desnudas o vestidas de manera completamente distinta.
Al llegar a la oficina mi sentido de la vista se llena de otras imágenes, la mayoría de tacones altos, botas de tacón, faldas, piernas y más escotes, cougars, ejecutivas o aspirantes a cualquier puesto gracias a su "amplio criterio", en este punto siempre me pregunto si ellas saben cuán provocativas se ven, si se visten para nosotros los mirones o para su mirón particular, si se visten para transgredir y recordarnos constantemente que "Se mira pero no se toca".
¿Y ellas? ¿distinguirán entre un traje y otro? ¿Piensan en sexo y fantasean con los hombres que se cruzan en su camino? ¿Qué piensan las mujeres de nosotros? Me pregunto si ellas se detienen a ver nuestras nalgas, nuestra espalda, si su atención se fija en nuestra entrepierna tratando de descubrir erecciones o en nuestros brazos o manos. Una vez preguntándole a una amiga, respondió que la parte que más le gustaba de un hombre eran sus manos y ¡sus cejas! Quedé extrañado, la pregunta era obvia y pensé que me estaba tomando el pelo que no tengo.
Tal vez le damos demasiada importancia al sexo, vivimos bombardeados de impulsos sexuales auditivos, olfativos, visuales, pocas veces probamos o tocamos. aunque para mi el sabor de una mujer es un gusto delicioso detrás de la garganta y la textura es cálida al tacto, a veces húmeda. tal vez la genética nos enseña que es necesario mantener la especia, que es necesario aparearse con el mayor número de hembras y esas hembras desean asegurar su progenie a través de encontrar al mejor proveedor posible. Meras ideas que cruzan en mi mente al ver y fantasear.
Leí alguna vez que para las mujeres un hombre con traje representa lo mismo que para nosotros una mujer en lencería, me pareció interesante y desde ese día procuro vestir traje, corbata y gabardina, mis zapatos muy bien boleados y usar loción amaderada, Pero a partir de ese día y tal vez ingenuamente me he sentido un símbolo erótico de la masculinidad que se ha estado perdiendo en los últimos tiempos.
¿Y tu cuánto tiempo piensas en sexo?

¿Quiénes piensan más en sexo, los hombres o las mujeres?