Ayuda mutua

Al verla supe que había esperado toda una vida por ella, su mirada tierna y segura de si misma, su aplomo y natural belleza simplemente arrancaron un profundo suspiro.

Deseaba saber el costo de la suite, estaría un par de meses en la Ciudad y un amigo colombiano me había recomendado ampliamente el hostal cerca del centro de esa enorme Ciudad llamada México.

El lugar me pareció cómodo y el precio razonable. Ella me pareció simplemente hermosa. Muy amablemente me mostró el lugar, me dio las recomendaciones y me dijo que estaría un par de días más en la Ciudad. 

Tenía que actuar rápido sin que pareciera ansioso de estar con ella. Sentí que ambos nos reconocimos, de otra vida, de otra época. Sonreía y todo al rededor se iluminaba.

No dejé de admirarla y durante la noche repasé mentalmente sus delicadas formas de mujer, su sonrisa llegaba a mi a cada parpadeo, su cadera al subir las escaleras y unas delineadas piernas cubiertas por su pantalón negro.

Inquieto mordía las cobijas y busqué en mi celular su número, vi que no era tan tarde y le envié un mensaje deseándole buenas noches. No recibí ninguna respuesta. Traté de dormir, con mi deseo por ella palpitando debajo de las cobijas.

Al día siguiente mi celular tenía una llamada perdida de su número. Marqué y con voz somnolienta me respondió del otro lado de la línea. 
Enmudecí  y tratando de dominar mi nerviosismo le pedí verla. Preocupada me preguntó si estaba bien y si había algo malo en la suite.
Le dije que todo estaba bien, pero necesitaba verla para hacerle un par de consultas sobre la Ciudad. Más relajada me dijo que iría en un par de horas. Fueron las más largas de mi vida.

Llegó puntual y hermosa, con un suéter de angora y una falda ejecutiva; el hostal estaba vacío, escuché a mis vecinos salir y dejé de escuchar ruidos cotidianos.
Traté de parecer calmado pero sentía que mi excitación era notoria.

Ella me miró extrañada pero muy amable me preguntó qué dudas tenía, me ofreció un café y pasamos al comedor. Su aroma me excitaba aún más. No prestaba atención mas que a sus movimientos, su boca, la curva de sus senos bajo el suéter, me movía inquieto deseándola mas que a nada en el mundo.

Después del café me pidió que la acompañara a comprar unas llaves para el fregadero, no tenía que pedírmelo dos veces, me contó un poco más de ella, de sus hijos y su situación sentimental, yo no dejaba de pensar en la blancura de su cuello la sinceridad de su sonrisa.

Al regresar al hostal me pidió que le ayudara a medir las llaves, subimos y ella delante de mi me ofrecía una vista maravillosa de sus piernas y sus nalgas firmes y redondas, no podía ocultar mi emoción.

Llegamos a un pequeño pero iluminado cuarto de baño, yo había hablado muy poco pero a ella no parecía importarle, me entregó las llaves y se agachó delante de mi para desenroscar las otras piezas, no resistí más.

Tiré las llaves y la sujeté con fuerza de su cadera con ambas manos, pegué mi cuerpo al suyo y escuché un suave gemido de sorpresa, comencé a acariciar sus nalgas y sin soltarla incliné mi cuerpo sobre el de ella, acerqué mi boca a su blanco cuello y escuché como trataba de pedirme que me detuviera sin demasiada convicción.

Me acerqué a su boca y la besé, nos besamos y se volteó encarándome y abrazándome, mis manos no dejaron de acariciar sus nalgas y levantar su falda, su respiración agitada y un murmullo dulce. Te reconozco, te he visto antes, no sé en donde o cuando. Sus palabras se interrumpían con mis besos, levanté por completo su falda y con cuidado comencé a bajar sus bragas empapadas, sus manos acariciaban mi cabeza y me acercó a su sexo.

Mi lengua se alargó hasta tocarla, lamí despacio y sus manos me acariciaban con más fuerza, la humedad y el calor de su piel y de su sexo, me pedía que no parara, mi lengua la recorre despacio sin prisas. Mi miembro a punto de estallar.

Me levanté y sus manos buscaron mi cinturón y los botones de mi pantalón, mi virilidad lista y sus manos me acariciaron despacio, el aroma de nuestro deseo me hacía palpitar, sin mayores preámbulos la penetré furiosamente, embistiendo, besando mordiendo su cuello y sus carnosos labios, mis manos tratando de tocarla toda. Busqué sus senos levantándole el suéter, ella gemía y susurraba en mi oído, me ofreció sus senos y comencé a devorarlos, sus pezones erectos en mi boca su boca en mi frente.

El primer orgasmo lo alcanzamos juntos, mi semilla caliente escurriendo en sus blancas y torneadas piernas, mi sexo enrojecido y pulsante, nuestras bocas temblorosas y sonrientes.
Nos besamos tres veces más nos miramos y volvimos en sí.

 La puerta del hostal comenzó a escucharse, en un par de segundos nos volvimos a acomodar la ropa, ella con una sonrisa traviesa en los labios me pidió con la mirada que la siguiera, mas tranquilos bajamos nuevamente al comedor y nos sentamos frente a frente, la puerta se abrió y una pareja joven la saludó.

Me dijo que las llaves tendrían que colocarse mañana mismo, si no era problema que la ayudara como hoy. Por supuesto respondí que sí, que estaba a sus órdenes. Los muchachos se despidieron después de beber un vaso de agua y entraron a su habitación. Ambos movimos los labios y nos dimos las gracias mutuamente. Temblé al verla a los ojos y saber que pensaba y recordaba quienes éramos, quienes somos y quienes seremos.
Al verla supe que había esperado toda una vida por ella, su mirada tierna y segura de si misma, su aplomo y natural belleza simplemente arrancaron un profundo suspiro.

Deseaba saber el costo de la suite, estaría un par de meses en la Ciudad y un amigo colombiano me había recomendado ampliamente el hostal cerca del centro de esa enorme Ciudad llamada México.

El lugar me pareció cómodo y el precio razonable. Ella me pareció simplemente hermosa. Muy amablemente me mostró el lugar, me dio las recomendaciones y me dijo que estaría un par de días más en la Ciudad. 

Tenía que actuar rápido sin que pareciera ansioso de estar con ella. Sentí que ambos nos reconocimos, de otra vida, de otra época. Sonreía y todo al rededor se iluminaba.

No dejé de admirarla y durante la noche repasé mentalmente sus delicadas formas de mujer, su sonrisa llegaba a mi a cada parpadeo, su cadera al subir las escaleras y unas delineadas piernas cubiertas por su pantalón negro.

Inquieto mordía las cobijas y busqué en mi celular su número, vi que no era tan tarde y le envié un mensaje deseándole buenas noches. No recibí ninguna respuesta. Traté de dormir, con mi deseo por ella palpitando debajo de las cobijas.

Al día siguiente mi celular tenía una llamada perdida de su número. Marqué y con voz somnolienta me respondió del otro lado de la línea. 
Enmudecí  y tratando de dominar mi nerviosismo le pedí verla. Preocupada me preguntó si estaba bien y si había algo malo en la suite.
Le dije que todo estaba bien, pero necesitaba verla para hacerle un par de consultas sobre la Ciudad. Más relajada me dijo que iría en un par de horas. Fueron las más largas de mi vida.

Llegó puntual y hermosa, con un suéter de angora y una falda ejecutiva; el hostal estaba vacío, escuché a mis vecinos salir y dejé de escuchar ruidos cotidianos.
Traté de parecer calmado pero sentía que mi excitación era notoria.

Ella me miró extrañada pero muy amable me preguntó qué dudas tenía, me ofreció un café y pasamos al comedor. Su aroma me excitaba aún más. No prestaba atención mas que a sus movimientos, su boca, la curva de sus senos bajo el suéter, me movía inquieto deseándola mas que a nada en el mundo.

Después del café me pidió que la acompañara a comprar unas llaves para el fregadero, no tenía que pedírmelo dos veces, me contó un poco más de ella, de sus hijos y su situación sentimental, yo no dejaba de pensar en la blancura de su cuello la sinceridad de su sonrisa.

Al regresar al hostal me pidió que le ayudara a medir las llaves, subimos y ella delante de mi me ofrecía una vista maravillosa de sus piernas y sus nalgas firmes y redondas, no podía ocultar mi emoción.

Llegamos a un pequeño pero iluminado cuarto de baño, yo había hablado muy poco pero a ella no parecía importarle, me entregó las llaves y se agachó delante de mi para desenroscar las otras piezas, no resistí más.

Tiré las llaves y la sujeté con fuerza de su cadera con ambas manos, pegué mi cuerpo al suyo y escuché un suave gemido de sorpresa, comencé a acariciar sus nalgas y sin soltarla incliné mi cuerpo sobre el de ella, acerqué mi boca a su blanco cuello y escuché como trataba de pedirme que me detuviera sin demasiada convicción.

Me acerqué a su boca y la besé, nos besamos y se volteó encarándome y abrazándome, mis manos no dejaron de acariciar sus nalgas y levantar su falda, su respiración agitada y un murmullo dulce. Te reconozco, te he visto antes, no sé en donde o cuando. Sus palabras se interrumpían con mis besos, levanté por completo su falda y con cuidado comencé a bajar sus bragas empapadas, sus manos acariciaban mi cabeza y me acercó a su sexo.

Mi lengua se alargó hasta tocarla, lamí despacio y sus manos me acariciaban con más fuerza, la humedad y el calor de su piel y de su sexo, me pedía que no parara, mi lengua la recorre despacio sin prisas. Mi miembro a punto de estallar.

Me levanté y sus manos buscaron mi cinturón y los botones de mi pantalón, mi virilidad lista y sus manos me acariciaron despacio, el aroma de nuestro deseo me hacía palpitar, sin mayores preámbulos la penetré furiosamente, embistiendo, besando mordiendo su cuello y sus carnosos labios, mis manos tratando de tocarla toda. Busqué sus senos levantándole el suéter, ella gemía y susurraba en mi oído, me ofreció sus senos y comencé a devorarlos, sus pezones erectos en mi boca su boca en mi frente.

El primer orgasmo lo alcanzamos juntos, mi semilla caliente escurriendo en sus blancas y torneadas piernas, mi sexo enrojecido y pulsante, nuestras bocas temblorosas y sonrientes.
Nos besamos tres veces más nos miramos y volvimos en sí.

 La puerta del hostal comenzó a escucharse, en un par de segundos nos volvimos a acomodar la ropa, ella con una sonrisa traviesa en los labios me pidió con la mirada que la siguiera, mas tranquilos bajamos nuevamente al comedor y nos sentamos frente a frente, la puerta se abrió y una pareja joven la saludó.

Me dijo que las llaves tendrían que colocarse mañana mismo, si no era problema que la ayudara como hoy. Por supuesto respondí que sí, que estaba a sus órdenes. Los muchachos se despidieron después de beber un vaso de agua y entraron a su habitación. Ambos movimos los labios y nos dimos las gracias mutuamente. Temblé al verla a los ojos y saber que pensaba y recordaba quienes éramos, quienes somos y quienes seremos.

O


La forma en que la boca adopta al inicio de un orgasmo
de un beso
de una insinuación.

La forma del ombligo
de los ojos de tu amante
de la vida misma.

Es la forma del ser girando, rodando, repitiendo esquemas.

La forma en que la boca adopta al inicio de un orgasmo
de un beso
de una insinuación.

La forma del ombligo
de los ojos de tu amante
de la vida misma.

Es la forma del ser girando, rodando, repitiendo esquemas.

Quiero cogerte Corazón. (Cuento)

Espero sus mensajes ansiosa, desde la primera hora de la mañana, al medio día, mientras cocino o arreglo mi pieza, cuando estoy en la oficina y cuando estoy a punto de dormir. Él es lo primero que leo y lo último, sus palabras me hacen sentir, nunca me había pasado, pero que bueno que pasó, no es muy guapo, pero sabe escribir, tiene las palabras correctas en el momento correcto, a veces pienso que me espía.

Aquella noche buscaba en mi armario qué ponerme. Solamente llevaba una semana y media tratándolo por whatsapp, me hacía reír con sus ocurrencias y yo solamente le daba largas, me decía que deseaba verme, que no dejaba de soñarme y de pensar en mi. Me hacía reír más y solamente lo tentaba, comenzó a mandarme fotos sugerentes, poemas y finalmente accedí a verlo.

Esa noche sería "La Noche", me quería ver guapa pero siempre se me ha complicado un poco esto de salir con alguien. Cada vez que estaba lista me sucedía algo, llegaban visitas, me olvidaba depilarme las piernas o simplemente me acobardaba y cancelaba de último momento. Hoy a pesar del miedo tengo ganas de verlo, de descubrir si en realidad es tan simpático como escribe, observar esta vez con detenimiento sus manos.

Llegué puntual a la cita, en una cafetería de esas elegantes y carísimas, iba a pedir un café cuando me di cuenta que no traía mi cartera, en ese momentó recordé que la dejé en la otra bolsa y solamente traía mi monedero que cuelgo en el llavero. Por suerte no estaba lejos de mi casa y aunque había llegado caminando más tarde me daría un poco de miedito. Pensé en irme en ese momento cuando Él apareció.

Esta vez no lo vi tan feo, traía puesta una chamarra de cuero y olía muy rico, sin más me extendió su mano derecha y tomó mi mano con delicadeza a pesar de tener unas manos grandes y varoniles, sin querer suspiré y enseguida me acaloré, su voz era grave y un poco ronca, pero me gustó. Lo que no me gustó fue su mirada huidiza, pero no le di mucha importancia. Me invitó un café y nos sentamos en un sillón un poco pegajoso, me miró sonriendo pero no terminaba de sostenerme la mirada.

De cuando en cuando hacía un comentario agudo sobre alguna de las demás personas que conocíamos y por quienes nos habíamos contactado, me incomoda un poco que no deje de ver mi escote, pero creo que es normal. Se disculpó un momento y fue al baño. Habíamos estado platicando por casi dos horas y cada vez me gustaba más.

Por mi mente pasaron veintemil cosas, hace mucho que no tenía relaciones y me parecía que no sería mala idea darle una oportunidad ahí como por la tercera cita, en esos momentos recibí un mensaje a mi cel, "Quiero Cogerte Corazón", lo leí una, dos, tres veces, al principio me sentí indignada, pero cada vez que lo leía no me parecía tan malo, de alguna extraña manera me encendieron esas tres palabras, aunque no me terminaban de gustar, traté de imaginarlas en su voz, cerca de mi oído y temblé.

Imagino que no se atrevía a decírmelo a la cara, que finalmente le parecía más adecuado escribirlo, ya sea por pena o porque de una u otra manera así nos conocimos, esperé y pensé en mi respuesta, una parte de mi quería irme de inmediato con él, dejarme llevar por ese calor que esas palabras me provocaron, otra parte me decía que tuviera cuidado, suspiré de nuevo y me acerqué a su chamarra y olí su loción, me comencé a derretir de inmediato. Imaginé sus manos grandes recorriéndome, acariciando mis piernas, mis senos. imaginé todo lo imaginable.

Cuando Él regresó yo seguía oliendo su chamarra, me sentí como una tonta, me sonrojé y por primera vez en la noche me miró a los ojos, se sentó a mi lado y se acercó a mi oído. -Discúlpame por favor, no quise ser grosero con mi mensaje, me equivoqué y no sé cómo resolverlo- Yo sonreí y le dije que no se preocupara, pero que yo no tenía intención de acostarme con Él, al menos no esa noche, que me parecía guapo, pero que no sentía que estuviera preparada para ello, que sus manos y su aroma me encantaron y que sería maravilloso conocernos un poco más. 

Él me miró fijamente y me pidió disculpas nuevamente. -No, en verdad discúlpame, me equivoqué de número y ese mensaje no era para ti. 

Me regresé caminando a mi casa, por un instante estuve a punto de irme con él, siempre me pasa algo cada vez que accedo a salir con alguien. Me siento enojada, estúpida, vulnerable, encabronada. No me despedí y ahora que estoy buscando las llaves me doy cuenta que no las traigo, se habrán quedado en la cafetería, en algún rincón del sillón pegajoso, donde seguramente quedó el aroma de su loción y su chamarra de cuero.
Espero sus mensajes ansiosa, desde la primera hora de la mañana, al medio día, mientras cocino o arreglo mi pieza, cuando estoy en la oficina y cuando estoy a punto de dormir. Él es lo primero que leo y lo último, sus palabras me hacen sentir, nunca me había pasado, pero que bueno que pasó, no es muy guapo, pero sabe escribir, tiene las palabras correctas en el momento correcto, a veces pienso que me espía.

Aquella noche buscaba en mi armario qué ponerme. Solamente llevaba una semana y media tratándolo por whatsapp, me hacía reír con sus ocurrencias y yo solamente le daba largas, me decía que deseaba verme, que no dejaba de soñarme y de pensar en mi. Me hacía reír más y solamente lo tentaba, comenzó a mandarme fotos sugerentes, poemas y finalmente accedí a verlo.

Esa noche sería "La Noche", me quería ver guapa pero siempre se me ha complicado un poco esto de salir con alguien. Cada vez que estaba lista me sucedía algo, llegaban visitas, me olvidaba depilarme las piernas o simplemente me acobardaba y cancelaba de último momento. Hoy a pesar del miedo tengo ganas de verlo, de descubrir si en realidad es tan simpático como escribe, observar esta vez con detenimiento sus manos.

Llegué puntual a la cita, en una cafetería de esas elegantes y carísimas, iba a pedir un café cuando me di cuenta que no traía mi cartera, en ese momentó recordé que la dejé en la otra bolsa y solamente traía mi monedero que cuelgo en el llavero. Por suerte no estaba lejos de mi casa y aunque había llegado caminando más tarde me daría un poco de miedito. Pensé en irme en ese momento cuando Él apareció.

Esta vez no lo vi tan feo, traía puesta una chamarra de cuero y olía muy rico, sin más me extendió su mano derecha y tomó mi mano con delicadeza a pesar de tener unas manos grandes y varoniles, sin querer suspiré y enseguida me acaloré, su voz era grave y un poco ronca, pero me gustó. Lo que no me gustó fue su mirada huidiza, pero no le di mucha importancia. Me invitó un café y nos sentamos en un sillón un poco pegajoso, me miró sonriendo pero no terminaba de sostenerme la mirada.

De cuando en cuando hacía un comentario agudo sobre alguna de las demás personas que conocíamos y por quienes nos habíamos contactado, me incomoda un poco que no deje de ver mi escote, pero creo que es normal. Se disculpó un momento y fue al baño. Habíamos estado platicando por casi dos horas y cada vez me gustaba más.

Por mi mente pasaron veintemil cosas, hace mucho que no tenía relaciones y me parecía que no sería mala idea darle una oportunidad ahí como por la tercera cita, en esos momentos recibí un mensaje a mi cel, "Quiero Cogerte Corazón", lo leí una, dos, tres veces, al principio me sentí indignada, pero cada vez que lo leía no me parecía tan malo, de alguna extraña manera me encendieron esas tres palabras, aunque no me terminaban de gustar, traté de imaginarlas en su voz, cerca de mi oído y temblé.

Imagino que no se atrevía a decírmelo a la cara, que finalmente le parecía más adecuado escribirlo, ya sea por pena o porque de una u otra manera así nos conocimos, esperé y pensé en mi respuesta, una parte de mi quería irme de inmediato con él, dejarme llevar por ese calor que esas palabras me provocaron, otra parte me decía que tuviera cuidado, suspiré de nuevo y me acerqué a su chamarra y olí su loción, me comencé a derretir de inmediato. Imaginé sus manos grandes recorriéndome, acariciando mis piernas, mis senos. imaginé todo lo imaginable.

Cuando Él regresó yo seguía oliendo su chamarra, me sentí como una tonta, me sonrojé y por primera vez en la noche me miró a los ojos, se sentó a mi lado y se acercó a mi oído. -Discúlpame por favor, no quise ser grosero con mi mensaje, me equivoqué y no sé cómo resolverlo- Yo sonreí y le dije que no se preocupara, pero que yo no tenía intención de acostarme con Él, al menos no esa noche, que me parecía guapo, pero que no sentía que estuviera preparada para ello, que sus manos y su aroma me encantaron y que sería maravilloso conocernos un poco más. 

Él me miró fijamente y me pidió disculpas nuevamente. -No, en verdad discúlpame, me equivoqué de número y ese mensaje no era para ti. 

Me regresé caminando a mi casa, por un instante estuve a punto de irme con él, siempre me pasa algo cada vez que accedo a salir con alguien. Me siento enojada, estúpida, vulnerable, encabronada. No me despedí y ahora que estoy buscando las llaves me doy cuenta que no las traigo, se habrán quedado en la cafetería, en algún rincón del sillón pegajoso, donde seguramente quedó el aroma de su loción y su chamarra de cuero.